Son las palabras del Padre Raniero Cantalamessa, Predicador de la Casa Pontificia, en la homilía de la celebración de la Pasión del Señor, presidida por el Papa Francisco en la Basílica de San Pedro

Esta Tarde, el Papa ha presidido un solemne servicio por la ‘Pasión del Señor’, con el que ha conmemorado las últimas horas de la vida de Jesús.

Vestido con los paramentos rojos, en recuerdo de la sangre derramada por Jesucristo en la cruz, Francisco se ha postrado durante unos minutos en el suelo de la basílica de San Pedro del Vaticano, completamente desprovista de ornamento, iluminada por una luz suave en consonancia con la sobriedad de la ceremonia.

Tras este momento de oración, el Pontífice se ha puesto de nuevo en pie para comenzar con la proclamación de la liturgia de la Palabra, que ha presidido como es habitual el predicador de la Casa Pontificia, el padre Raniero Cantalamessa.

Cantalamessa recordó que hoy todos los cristianos leemos el relato de la Pasión con una pregunta en el corazón, “más aún, con un grito”, que se eleva por toda la tierra y que por lo tanto, “debemos tratar de captar la respuesta que la palabra de Dios le da”.

La pandemia del coronavirus, ha detallado, ha despertado “bruscamente” a la humanidad del peligro mayor que siempre ha corrido, es decir, “del delirio de omnipotencia”. “Ha bastado el más pequeño e informe elemento de la naturaleza, un virus, para recordarnos que somos mortales, que la potencia militar y la tecnología no bastan para salvarnos“, ha señalado.

El padre Raniero puntualizó que en medio de esta pandemia, “¡Dios es aliado nuestro, no del virus!” «Tengo proyectos de paz, no de aflicción», nos dice Él mismo en la Biblia (Jer 29,11). 

El sacerdote italiano de la orden de los capuchinos se ha preguntado a su vez cuál es la luz que todo esto arroja sobre la situación dramática que está viviendo la humanidad. De este modo, ha invitado a los cristianos a mirar a los efectos del virus, pero no sólo los negativos sino también los positivos y ha puesto como ejemplo el sentimiento de solidaridad. “¿Cuándo, en la memoria humana, los pueblos de todas las naciones se sintieron tan unidos, tan iguales, tan poco litigiosos, como en este momento de dolor?”, ha cuestionado.

De este modo, ha analizado cómo la humanidad se ha olvidado de los muros a construir porque el virus no conoce fronteras. “En un instante ha derribado todas las barreras y las distinciones: de raza, de religión, de censo, de poder”, ha incidido mientras que ha instado a no volver atrás cuando este momento haya pasado. En este sentido, ha pedido que tanto dolor, tantos muertos, tanto compromiso heroico por parte de los agentes sanitarios no quede en vano. Esta es la «recesión» que más debemos temer.

“Es el momento de realizar algo de esta profecía de Isaías cuyo cumplimiento espera desde siempre la humanidad. Digamos basta a la trágica carrera de armamentos. Gritadlo con todas vuestras fuerzas, jóvenes, porque es sobre todo vuestro destino lo que está en juego. Destinemos los ilimitados recursos empleados para las armas para los fines cuya necesidad y urgencia vemos en estas situaciones: la salud, la higiene, la alimentación, la lucha contra la pobreza, el cuidado de lo creado. Dejemos a la generación que venga, un mundo más pobre de cosas y de dinero, si es necesario, pero más rico en humanidad”, concluyó.