por Miguel Fernández de los Ronderos

– A la memoria de Robert G.Faudree, héroe de la Segunda Guerra Mundial, graduado por la Universidad de Oxford y exprofesor del colegio de San Francisco de Paula en Sevilla.

 

Una de las mayores satisfacciones que puede experimentar un docente es, sin lugar a dudas, asistir al ascenso personal y profesional de quienes fueron sus alumnos a lo largo de la enseñanza preuniversitaria, una etapa fundamental en la que se fraguan la personalidad y la vocación -ésta, a veces solapada- de quienes están llamados (los universitarios) a regir los destinos de la sociedad. Tal es el caso de Miguel Ángel Castro Arroyo, flamante rector de la Hispalense y exalumno del colegio de San Francisco de Paula, condición que comparte con ilustres colegas tales como el exrector Ramírez de Arellano o los también profesores Juan Pablo Sobrino, Chávez de Diego, López Rosa, Pérez-Mallaína, Llano Alonso, Lacalle Remigio, Cansino Muñoz-Repiso, Ferrer Albelda, López-Cañete, hermanos Lasarte, Enrique Barrero, O’Kean Alonso, Medina Reguera…, formados asimismo en las aulas franciscanas en las que aprendieron a valorar conceptos fundamentales tales como la responsabilidad, el sentido crítico, el esfuerzo cotidiano y el amor por la tarea bien hecha, todo ello convertido en elemento impulsor de una vocación profesional que ya entonces comenzaba a gestarse.

Miguel-Fernandez-de-los-RonderosPreguntado (ABC 21/02/2016) por la razón por la cual ninguna universidad española figura entre las 200 primeras del ranking de Shanghai, el profesor Castro afirma que existe una correlación directa entre los primeros puestos y el presupuesto que manejan esas universidades, pues en el mencionado ranking (¿por qué no ‘clasificación’?) hay más de 20.000 universidades y todas las públicas españolas están entre la 1.000 primeras, es decir, forman parte del 5% de los mejores centros.

En cuanto a si las universidades públicas deben competir entre sí o ser complementarias, contemplándose incluso la posibilidad de suprimir algunas (o algunas titulaciones), el profesor Castro cree que se ha cometido un error histórico al clonar universidades y duplicar determinadas titulaciones. Y en cuanto a la conveniencia de aplicar el decreto que obliga a instaurar los grados de 3 años y los másteres de 2 años, la condición sería que ambos costasen lo mismo. Lo contrario supone separar a los estudiantes en función de su capacidad económica. La propuesta que debería analizarse sería 3+2 en algunos casos, pero implantándolo a nivel nacional, pues no se entendería formar parte del espacio europeo de educación si las universidades españolas no se entienden entre sí. “¿De qué ha servido -prosigue el profesor Castro- haber entrado en el espacio europeo de educación si no nos entendemos entre las universidades españolas?”. Y concluye: “Poner el máster más caro es como poner una valla en el camino de los estudiantes”.

Y ya que abordamos el tema de las universidades, permítasenos volver nuestra mirada a la Universidad de Oxford (1) -en la que se graduó nuestro ilustre antecesor, Mr. Faudree, a quien tuvimos la fortuna de acoger en nuestro claustro- con sus 38 colleges, 22.000 estudiantes (el curso pasado accedieron a sus aulas 2.500 alumnos, un tercio de los cuales procedente del extranjero), un ratio de 3,5 alumnos por profesor, una matrícula que oscila desde 11.600 euros al año para quienes proceden de la UE, hasta los 19.000 y 28.000 para los procedentes de fuera de la UE, a lo que se  añaden 7.500 para la manutención y estancia en el college, todo ello previa acreditación de hablar  inglés con fluidez. Un mundo de excelencia que también contempla la concesión de becas y en el que las escuelas privadas (el 7% del total del país) han ocupado el curso pasado el 39% de las plazas de Cambridge y el 47% de las de Oxford, un contraste que los políticos atribuyen al hecho de que la escuela pública no logra que sus alumnos obtengan las calificaciones que se requieren para acceder a ellas.

 

(1) Luis Ventoso (ABC 15/02/2016)