El G7 terminó como empezó: con tensión entre las partes y sin un acuerdo unánime. Si bien en un primer momento tanto Estados Unidos como el resto de socios firmaban en Quebec un comunicado final conjunto, pocas horas después Donald Trump se desdecía del mismo y retiraba su firma.

En una movida impactante y sin precedentes, el presidente estadounidense desautorizó al G7: con un par de tweets lanzados desde el Air Force One que lo transportaba a Singapur, retiró el apoyo al comunicado final de la cumbre del G7. Lo hizo como respuesta a las declaraciones del primer ministro canadiense, Justin Trudeau, quien afirmaba en rueda de prensa que los aranceles estadounidenses al aluminio y al acero eran un insulto a los canadienses y que mantenía el plan para tomar represalias comerciales a partir del 1 de julio.

Los líderes occidentales se decantaron por ignorar la exaltada reacción de Trump: “En realidad no es una sorpresa, lo hemos visto esto con el acuerdo climático o el pacto con Irán. En cuestión de segundos, puedes destruir la confianza con 280 caracteres de Twitter; para volver a construir eso tomará mucho más tiempo. Debemos mantener la cabeza bien fría y diseñar las consecuencias correctas.”

Francia fue uno de los países que más claramente indicó que no era “serio” intentar retirar el apoyo después de su firma. Dura también fue la reacción de la canciller alemana, Angela Merkel: “Con un tweet de 280 caracteres, Donald Trump destruyó la credibilidad del G7, para restaurar lo que tomará años”, dijo su ministro de Relaciones Exteriores, Heiko Maas.
Finalmente llegó la respuesta del Trudeau: “El acuerdo histórico que hemos concluido en el G7 promoverá la prosperidad de los ciudadanos y la economía, protegerá la democracia, preservará el medio ambiente y garantizará los derechos de las mujeres y niñas en el mundo. Es eso lo que importa”.