Estamos viviendo un tiempo nuevo, un verdadero cambio de época, sin dramatizar, después de esto nada será ya igual. Hemos cogido distancia de muchas cosas, realidades y personas. Hemos puesto nuestra confianza en la ciencia, en el coraje y buen hacer de tantos servidores de una sociedad tocada, pero no hundida. Los que tenemos fe, hemos puesto también nuestra confianza en Dios, un Dios que no nos abandona nunca, a pesar de que muchos no lo entiendan.

En Sevilla, como en la mayor parte del mundo, estamos confinados en nuestras casas, sin saber bien cómo evolucionarán los acontecimientos, pero sí confiados a unos criterios técnicos y sanitarios que aplicamos. Muy cerca de nosotros viven comunidades de mujeres en una clausura voluntaria. Ellas se han apartado voluntariamente del mundo y viven encerradas, orando y trabajando. Para muchos de nuestros contemporáneos, en un mundo globalizado, esto puede ser insoportable, pero ellas viven y trasmiten una alegría y una paz desbordante.

No sé si nosotros transmitiremos, en nuestra clausura hogareña mega conectada, esa alegría que ellas transmiten. En nuestra clausura 5.0, solos, con familia, niños y mayores estamos viviendo una gran aventura que todavía no sabemos cómo acabará, aunque confiamos que bien. Nuestra necesidad de estar en relación echa humo: WhatsApp, email, y mil y una formas de transmisión digital consumen una parte importante de nuestro tiempo.  Nuestra sociedad enclaustrada a través de ventanas o balcones, a través del mundo insondable de internet, se manifiesta, con aplausos, vivas, consejos, entretenimientos… Y, además, muchos seguimos trabajando, -perdón, teletrabajando- y ahora sí, de verdad hemos descubierto muchas de las capacidades de nuestras herramientas electrónicas y también nuestras habilidades para dominarlas.

El futuro ya está aquí, hemos dado un paso de gigante y ya estamos de lleno en una transformación digital sin precedentes. El mundo tecnológico -mientras que, al menos, no caiga la producción energética que lo sostiene- ha irrumpido en nuestras vidas con mayúsculas. Esto a los europeos y a España nos sitúa ante una realidad nueva, las grandes tecnológicas saldrán más fuertes y, por desgracia, Europa tienen poco que decir, la batalla está entre EE. UU. y China. Nuestras vidas están en sus manos, o eso parece. Esto genera una estructura muy desequilibrada, grandes corporaciones con una inmensidad de operarios cuasi marginales, sostienen la capilarización de este sistema.

Estas estructuras empresariales globales se verán reforzadas, imaginad la gran cantidad de datos acumulados en poco tiempo y la aceleración de lo digital, a un paso de un mayor control social. Nos preocupa que nos controlen los Estados, pero qué pasa con estas empresas globales en una economía tan debilitada. No obstante, pensemos más en ellas como aliadas que como un hándicap, para construir un mundo mejor. Cómo compensamos entonces esta situación, pues reforzando nuestras estructuras administrativas y políticas. Los mejores deben estar en estas tareas, más considerados socialmente y debidamente retribuidos. Los sectores esenciales de la sociedad han de estar preservados y bajo el control de una autoridad democrática contrastada y fuerte.

No nos gusta hablar de crisis, pero estamos viviendo en una en la que todavía estamos inmersos, la crisis del COVID-19, que nos puede dejar algo tocados, pero no abatidos. Llegará un día en que podamos salir de nuestras clausuras personales y abrirnos a los demás para compartir esperanzas e ilusiones. Pero, de esta, tenemos que salir todos, que nadie se quede en la cuneta.

No desaprovechemos los Objetivos de Desarrollo Sostenible, son 17 objetivos que nos tienen que llevar más allá del 2030 hacia el 2050, o cambiamos de rumbo o lo hacemos. No tenemos opciones, si queremos tener un futuro democrático y social, donde todos seamos más responsables y, al mismo tiempo, estar más comprometidos con nuestros conciudadanos. Todos somos importantes.

Enrique Belloso Pérez

Director de Proyección Social y Comunicación de CEU Andalucía

Artículo incluido en la revista de abril de Agenda de la Empresa