Las autoridades de Sri Lanka han reducido este jueves a 253 el número de muertos en los atentados contra iglesias y hoteles de lujo del pasado domingo, casi cien menos de los reportados previamente, un descenso que han explicado por la dificultad de contabilizar los miembros amputados.

Las investigaciones sobre lo sucedido continúan después de que se revelara que los organismos de seguridad del país recibieron con antelación información sobre la serie atentados que tuvieron lugar el domingo y el secretario de Defensa, Hemasiri Fernando, ha renunciado a su puesto, algo que le pidió el miércoles el presidente del país, Maithripala Sirisena.

Mientras tanto, Sri Lanka toma medidas para enmendar el gran fallo de seguridad que impidió evitar la tragedia, al tiempo que mantiene la alerta ante la amenaza de que “pueda haber más ataques”.

Las autoridades han desplegado casi 4.000 militares con poderes especiales de búsqueda y detención sin orden judicial a petición del presidente y han detenido ya a unas 70 personas. También se han incautado armas y explosivos en varios puntos de la ciudad y sus alrededores. Ha habido una varias explosiones controladas y una cuya causa se desconoce en una localidad cercana.

La investigación sigue apuntado al grupo islamista local National Thowheeth Jama’ath (NTJ), y al apoyo económico y logístico desde el extranjero. Los investigadores han identificado a ocho de los nueve terroristas suicidas, confirmando su buena posición económica y social. La mayoría tenían estudios universitarios y han vivido y se han formado en el extranjero.