Según Martínez de Sousa, los solecismos son usos incorrectos de una expresión construida sin atender a las exigencias de la sintaxis. No afecta a las palabras aisladas, sino a sintagmas, frases u oraciones: No volví en sí hasta dos horas después. Me se cayó al suelo. Esto es distinto a lo que yo me esperaba. Se vende piso con o sin garaje, donde debería decir “Se vende piso con garaje o sin él”.

Con idea de resaltar algunas incorrecciones de este ‘neoespañol’, me permito recoger una serie de errores, escogidos al azar, que, en su reiteración, pretenden colarse de rondón, adquiriendo así carta de naturaleza en el habla cotidiana. Un error repetido hasta la saciedad deja de serlo -piensan algunos- desde el momento en el que se instala en los medios de comunicación. Véase rango1: “las temperaturas se sitúan en el rango de los x grados” es decir, entre un máximo de x y un mínimo de y, según la predicción meteorológica. En ocasiones, algunos dislates lingüísticos mueven a risa: “El jugador asistió al parto de su primer hijo junto a su mujer”; el futbolista abandonó el terreno de juego ¡renqueante del hombro!; “He compuesto Pavana para una infanta difunta, no una pavana difunta para una infanta” (Ravel);  fulano debuta por primera vez como candidato; alguien mandó a un sicario (asesino a sueldo) ¿emisario?, a la concentración; hace exactamente unos días; abrir (romper) una lanza en favor de alguien; estar maniatado de pies y manos (diríase mejor ‘atado de pies y manos’)…

También abundan los neologismos, los lugares comunes y las redundancias:

ejemplarizante, culpabilizar, inicializar, perplejizado, brutalizar, repensar, recuperar de nuevo, redimensionar, repreguntar, vigente en la actualidad, accidente fortuito, base fundamental, requisito indispensable, vuelos domésticos, crimen de género, amigos entre sí, amigo personal, entrar en los anales de la historia, crisis/tragedia humanitaria… Creo oportuno detenerme en este adjetivo ante la deformación que ha adquirido su uso, pues lo que acontece en tantos países debe calificarse de tragedia o catástrofe humana, que no humanitaria, adjetivo más que adecuado si nos referimos, por ejemplo, a la ayuda humanitaria, término procedente del francés e incorporado a nuestro idioma a mediados del siglo XIX2.

Veamos más ejemplos tomados de los medios de comunicación: : proceder sin más dilatación; avalancha para entrar a Ceuta; salvar a muchos puestos de trabajo; inmovilizar a todos los vehículos; un portugués que dio ¡un salto a la península!; la paliza que supuestamente recibió la víctima (exceso de presunción de inocencia; pues la paliza fue real); el tumbazo del Constitucional; personas humanas (que no muñecos de cartón), logomaquia (discusión en que se atiende a las palabras y no al fondo del asunto); eventualmente (incertidumbre acerca de la realización de un suceso: éste puede realizarse o no; en un contexto diferente significa con el tiempo, a la larga, finalmente); el edificio se colapsó (del inglés collapse: derrumbarse; venirse abajo; fall into pieces;  fall down; fall helpless or unconscious)… Pero abundan los ejemplos. Como suele decirse en estos casos, continuará…

1 Tal vez por influencia del francés (y del inglés), esta palabra ha hecho fortuna. Recordemos la expresión ‘de alto rango’: de clase social elevada.

2 Fernando Lázaro Carreter: “El dardo en la palabra”, pág. 657.

Miguel Fernández de los Ronderos   |   informaria@informaria.com

Artículo incluido en el número de diciembre de la revista Agenda de la Empresa