Un año después del éxodo de la minoría musulmana rohinyá, que huyó de la violencia en el estado de Rakáin (Birmania) a Bangladesh, la comunidad sigue viviendo hacinada en los campamentos del Cox’s Bazar, el campo de refugiados más grande del mundo, que acoge a 919.000 personas. Allí esperan una ansiada repatriación a Birmania, como muchos han relatado a la ONG Human Rights Watch (HRW), o la concesión de un estatus formal por su condición de huidos de la violencia, violaciones, asesinatos y los incendios provocados por el Ejército birmano para destruir sus viviendas en respuesta a la ofensiva de un grupo insurgente del Ejército de Salvación Rohinyá.

Expertos de la ONU advierten de que esta minoría religiosa una vez más está al borde de otro desastre si no se pueden asegurar más fondos para continuar la respuesta humanitaria.

El Plan de Respuesta Conjunta lanzado en marzo de 2018 solicitó 950,8 millones de dólares para el período de marzo a diciembre de 2018. Hasta la fecha, el plan solo tiene un tercio de los fondos que necesita para fines de año, informó Giorgi Gigauri, jefe de misión de la Organización Internacional para las Migraciones de la ONU en Bangladesh.

“El personal médico de la OIM ha registrado medio millón de consultas desde que comenzó esta crisis. Eso muestra el nivel de necesidad que enfrentamos. Pero la cruda realidad es que, sin más apoyo, tales servicios están bajo amenaza “, agregó Gigauri.

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El 25 de agosto se cumple un año del inicio de una campaña militar de asesinatos extrajudiciales, violencia sexual e incendios provocados que expulsaron a más de 700.000 musulmanes rohinyás del estado occidental de Rakhine, en Myanmar.

Desde entonces, estos rohinyás apátridas han encontrado refugio y seguridad en el distrito Cox’s Bazar, un popular destino vacacional en el sur de Bangladesh, famoso por su playa, una de las más largas e ininterrumpidas del mundo. Pero a solo 16 kilómetros de la playa, se vive una realidad diferente.

Cerca de un millón de refugiados rohinyás pueblan los 34 campamentos emplazados en un área de 26 kilómetros cuadrados en Cox’s Bazar. Tan sólo en el asentamiento de Kutupalong-Balukhali viven más de 600.000 personas, lo que lo convierte en el asentamiento de refugiados más grande y más densamente poblado del mundo.

También es uno de los lugares que concentra una gran cantidad de dolor. Conforme han arribado, los sobrevivientes han narrado historias de terror que cargaron consigo desde que huyeron de sus hogares asolados por lo  que los expertos de la ONU han calificado de “limpieza étnica”.

“La limpieza étnica de los rohinyás de Myanmar continúa. No creo que podamos sacar ninguna otra conclusión de lo que he visto y oído en Cox’s Bazar “, dijo Andrew Gilmour, subsecretario general de derechos humanos de la ONU, tras visitar Cox’s Bazar en marzo.