Emocionante dúo con la soprano Berna Perles – Gran actuación del pianista Rubén Fernández Aguirre

Pese a la intensa actividad desarrollada últimamente en el Maestranza, esta cita con el gran barítono malagueño, tanto tiempo esperada, no era una velada musical más: era la constatación del ansiado retorno de Carlos Álvarez -esta vez en compañía de una joven promesa, la soprano Berna Perles- en un programa que prescindía de tópicos al uso y nos proporcionaba el descubrimiento de páginas de gran belleza, infrecuentes en el repertorio habitual. Tal es el caso de Miquel Ortega, especialista en dirección de ópera y zarzuela, compañero en numerosos registros y autor de partituras que han superado con éxito el paso del tiempo (Carta de Don Quijote a Dulcinea, o la exquisita Canción del mariquita), todo un dechado de buen gusto, sin olvidarnos de Turina, músico infravalorado ¡Ah, la política! Tachado de localista o de mero continuador de la Schola Cantorum, aunque los Cantares sean imprescindibles en el repertorio de toda cantante que se precie.

Naturalmente, no podía faltar la zarzuela, cuyo equivalente musical podría encontrarse en la opereta vienesa, el singspiel alemán, la ópera cómica francesa e incluso el Beggars opera inglés.

Un pletórico Carlos Álvarez –bello fraseo y sólidos recursos – dio vida a personajes que, mil veces repetidos, retienen el sabor de antaño. Al éxito del recital, marcado por el regreso del gran barítono malagueño- se sumó la impecable actuación de la joven y prometedora soprano Berna Perles, que destacó por su cálida expresividad y hermoso timbre. Como era de esperar, los bises abundaron. Al éxito de la velada contribuyó el competente Rubén Fernández Aguirre, algo más que un “pianista acompañante”, denominación que irritaba –no sin razón- al añorado Miguel Zanetti.

MFR