Del sentimiento eslavo a la ópera francesa

Leoncavallo, Karlowicz, Dvorak, Rimski-Kórsakov, Puccini, Verdi, Tosti, de Curtis, Bixio, Bizet y Massenet fueron los compositores elegidos por el polaco Piotr Beczala -uno de los tenores líricos más solicitados de nuestro tiempo- para su recital en el Maestranza, que bien hubiera merecido los honores de un aforo completo, pues estamos ante una de las grandes figuras de nuestro tiempo, tan escaso de valores líricos. De un lirismo sin excesos ni efectismos  -me permito añadir-  Beczala, con la preciada colaboración de la joven pianista francesa Sarah Tysman (el gran Miguel Zanetti  rechazaba lo de “pianista acompañante”), centró parte de su recital en canciones y arias eslavas de Dvorak, fragmentos operísticos de Puccini, Verdi, Tosti (famoso cultivador de la canción de concierto), de Curtis y Bixio hasta introducirnos en la ópera francesa (¿evocación de Alfredo Kraus?) a través de páginas sublimes, dichas con emoción contenida, sin florituras extemporáneas,  páginas  pertenecientes a le grand opéra francesa: Massenet  (“¿Pourquoi me réveiller?) y Bizet (siempre Carmen), aunque el encantamiento se prolongó en sendos “extras”, acogidos con verdadero entusiasmo por un público menos numeroso de lo que cabría esperar ante la soberbia actuación –afinación perfecta, pasión contenida, volumen refulgente- de Beczala, una de las grandes voces de la actualidad ((hubo de conceder dos extras) bien hubiera merecido los honores del  “no hay localidades”. La escasa formación musical de parte del público salpicó con aplausos extemporáneos (oportunamente siseados) la notabilísima actuación de Beczala, uno de los valores más sólidos, insisto, del panorama internacional, tan necesitado de revulsivos.

MFR