Saber posicionarse, en los negocios y en la vida en general, es importante; pues de tus posiciones dependerán la calidad de tus opciones. Desde las guerras de la antigüedad, los Generales buscaban las posiciones elevadas porque comenzar la batalla desde la colina les daba una buena ventaja a sus soldados y claro está, todos queremos lo mejor para los nuestros, derrotar a los malos y ganar la guerra. Para ello hace falta tener valor (y valores), ser consciente de que habrá un precio a pagar (es fundamental que establezcas tus límites a este respecto), saber apreciar bien la diferencia entre el valor(es) y el precio y tener clara la premisa de partida: tenemos que conquistar la loma.

Hoy en día seguimos premiando a los “conquistadores de lomas”, por ejemplo, cuando utilizamos el término “la pole position” lo hacemos para señalar que un piloto ha alcanzado la primera posición en la parrilla de salida de una competición automovilística o motociclista; para lograrlo es necesario realizar el mejor tiempo en las pruebas de clasificación y quien parte de “la pole”, obviamente, tiene más posibilidades de ganar la carrera. Pues, observando las necesidades de la sociedad, he descubierto una original “POLE” aún más certera porque poner en práctica la POlítica LEal (“POLE”) denota una calidad humana y profesional de primera (después de todo, de un dirigente público, es lo mínimo que se espera).

La política es el arte referente al gobierno de los Estados, una actividad desempeñada por quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos. Aspirantes a regir, hay muchos (pues la ambición tiene muchos hijos); verdaderos regentes que conecten con la realidad de la gente y demuestren ser valientes para realizar los cambios pertinentes e incentivar y poner en práctica las ideas inteligentes… ya no hay tantos. Las ansias de poder, sobran; el esfuerzo, la entrega y la ética, no tanto.

La lealtad es la madre del compromiso y supone el cumplimiento de lo que exigen las leyes, la fidelidad y el honor, por tanto, ¿qué es la “POLE”? la POlítica LEal es aquella que no traiciona, la que se compromete, la que cumple, la coherente, la responsable y consecuente con la realidad de la gente porque la lealtad de un servidor público tiene que estar en el germen de su legitimidad: el ciudadano de a pie, pues el ciudadano es el dueño de la política y no al contrario (del mismo modo, el “servidor privado”, es decir, el directivo debe su lealtad al origen de su actividad: las necesidades de la gente y la entrega de su equipo).

En su libro La Indignación Activa, Baltasar Garzón afirma: “La política no consiste en ocupar cargos, sino en dinamizar las ideas, en integrarlas, en buscar el bienestar y la felicidad del ciudadano. Y debe ser creíble… “. Dinamismo, integración, bienestar, felicidad… son las notas distintivas de la POlítica LEal, aquella garante de la credibilidad, ya sea a nivel de Gobierno o empresarial.

¿Qué dinamita la credibilidad? la destrucción por putrefacción, esto es, la corrupción. La POlítica COrrupta, por decirlo suavemente, nos sabe a “POCO” porque, lejos de ir a por la colina, se posiciona en lo más bajo y miserable, olvidando totalmente que su razón de ser es deberse al respetable. Para ser una persona, un dirigente y un profesional abanderado de la “POLE”, la POlítica LEal, es necesario hacer buenos tiempos en la clasificación cotidiana de credibilidad, coherencia, compromiso, entrega… para eso hay que entrenar a diario porque el que se salte los entrenamientos… Se la pega.

Recuerda: si en la vida y en los negocios quieres triunfar ¡practica cada día la POlítica LEal!

María Graciani

Escritora, conferenciante, periodista

https://mariagraciani.wordpress.com