por Ildefonso Camacho

– Sí, otra vez los Objetivos de Desarrollo Sostenible… Merece la pena volver sobre ellos.

Todos leímos en su momento algo sobre ellos, incluso su texto completo: 17 objetivos y 179 metas. Pero es tanta la información que nos llega que, por lo general, nos conformamos con leer resúmenes, resúmenes ejecutivos o simples noticias de prensa o de páginas web (a veces nos contentamos con los titulares…).

Yo me he entretenido en leerlos otra vez, y en releer también los que les precedieron: los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Comparar unos y otros, con los 15 años que los separan (de 2000 a 2015), permite comprender algunos avances de fondo que tienen un contenido digno de ser destacado. Las cosas vistas en perspectiva se valoran mucho mejor: no suenan igual los Objetivos de Desarrollo Sostenible cuando se leen aislados y cuando se leen en relación con los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

No entraré en los detalles de unos y otros. Me fijaré solo en tres diferencias por el alcance ético que poseen. Creo que constituyen un avance indiscutible.

La primera diferencia es de fondo: afecta a los contenidos. En la propuesta del año 2000, el centro era la lucha contra la pobreza. Sus principales implicados eran, por consiguiente, los países en desarrollo, donde la cuestión de la pobreza era apremiante. El conjunto de los ocho objetivos de entonces se orientaba a reducir la pobreza y mejorar algunas condiciones de vida que contribuirían a ello (acceso a educación, atención a salud…). A los países desarrollados solo se nos pedía -y no era poco- que no fuéramos obstáculo con nuestras políticas comerciales o financieras y que facilitáramos la ayuda.

No ocurre lo mismo con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El desarrollo sostenible de 2015 es mucho más ambicioso porque afecta a la humanidad entera, países en desarrollo y países desarrollados. Estos nuevos Objetivos cuestionan directamente nuestro modo de vida y de consumo. Implicados estamos ya todos. La lucha contra la pobreza sigue siendo objetivo, pero en el marco de la sostenibilidad del sistema, que somos las sociedades ricas las primeras en amenazar. La inercia de los Objetivos de 2000 quizás ha impedido comprender que ahora ya los primeros interpelados somos nosotros.

Una segunda diferencia afecta a cómo se ha liderado el proceso en un caso y otro. En la preparación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio fueron los países desarrollados quienes llevaron la iniciativa, los “donantes”, las agencias internacionales. Para algunos críticos, fue una estrategia orientada a legitimar el proceso de globalización que avanzaba tan imparable. Se explica entonces lo que acabamos de decir sobre el contenido…

La ONU, que solo a partir de la Declaración del Milenio comenzó a implicarse en el proceso, asumió progresivamente el control verificando los resultados que se iban obteniendo, y fue publicando desde 2004 los informes anuales correspondientes. Más aún, cuando se aproximaba el año 2015, horizonte que ponía término al proyecto del Milenio, la ONU se aprestó a poner en marcha un proceso para darle continuidad: nacerían así los Objetivos del Desarrollo Sostenible. El organismo que, dentro de sus limitaciones, más puede representar los intereses de la humanidad toda, es quien se erige en protagonista del proceso.

Todavía hay un tercer avance a destacar. En 2015 se habla ya de temas, no solo económicos, sino abiertamente políticos: el Objetivo 16 propone promover sociedades pacíficas e inclusivas con instituciones eficaces y que rindan cuentas. En un mundo tan dominado por la economía y con la política tan devaluada, este objetivo es más que significativo.

Conclusión: avances hay. Y con un contenido ético: justicia en asignar responsabilidades a todos; consideración de la comunidad mundial como sujeto, no solo de los Estados que la forman; relevancia de la política como marco insustituible para la actividad económica. Pero estos avances no son todavía satisfactorios. Abren horizontes nuevos, pero los pasos concretos son demasiado tímidos. Y sigue la cuestión de fondo: ¿qué entender hoy por desarrollo? Desde los pueblos pobres empiezan a surgir propuestas alternativas frente a este desarrollo concebido desde el mundo rico. Es lo que comienza a llamarse el “buen vivir”. Habrá que estar atentos…          

Ildefonso Camacho SJ | Universidad Loyola Andalucía

Artículo incluido en el número de septiembre de la revista Agenda de la Empresa