Lleva la sociedad española más de cuarenta días confinada en sus casas, llorando los miles y miles de muertos de esta pandemia, en la que estamos inmersos en todo el mundo y, casi sin horizonte, se van sucediendo los estados de alarma. Mientras tanto, las estadísticas cantan, los números y las previsiones políticas, económicas y sociales tiemblan. Parece que saldremos de la situación sanitaria -aunque podamos tener nuevas olas de esta pandemia en otoño-, parece que las previsiones y sobre todo la contención del miedo, el correcto funcionamiento de los servicios y la disciplina ciudadana harán el resto. ¿Pero qué sociedad emergerá de esta situación tan compleja?

Mientras tanto, crece el número de las predicciones desde los más reputados centros de estudios estratégicos del mundo. Solo en unos pocos meses la pandemia se ha extendido de Oriente a Occidente, a todos los continentes, a países desarrollados y en desarrollo. La muerte ha llamado a la puerta a casi doscientas mil personas. Los contaminados crecen por millones. La gran pregunta nos la hacemos una y otra vez: ¿Cómo y cuándo finalizará esta fase crítica del COVID-19? Ahora estamos entretenidos planteando cómo serán las medidas de salida del confinamiento, pero, aunque lleguen más o menos pronto, las secuelas estarán entre nosotros -salvo nuevas sorpresas- hasta al menos el inicio del próximo año.

El propio Papa Francisco nos invita a pensar en el futuro, a trabajar, cada uno desde nuestra responsabilidad, en la construcción de una nueva sociedad que no deje a nadie atrás. Él, desde su atalaya, nos anima a ser más audaces y aprovechar esta situación como un momento de cambio, de transformación como humanidad. Pero no están en lo mismo los grandes “líderes” mundiales, tan necesarios, pero al mismo tiempo tan noqueados y sorprendidos por la propia situación suscitada por la pandemia. Mientras tanto, continúan los conflictos y enfrentamientos, ahora sobre el tablero de la situación sanitaria, que ya se está transformando en económica y quizás pronto será social.

Se atisba una crisis social, económica, sanitaria y política que suscita, sin duda, muchas inquietudes, pero no podemos perder la esperanza. Desde París, Roma, Londres, Nueva York, y desde otros centros de poder de nuestro cada vez más pequeño mundo se alzan voces que nos animan a abrir nuevos horizontes, a dar nuevos pasos. El presidente francés, Emmanuel Macron, nos sitúa ante el actual estado de la cuestión: “Hemos detenido medio planeta para salvar vidas: no hay precedentes en nuestra historia”. Pero, ahora toca reaccionar, quizá los cambios no serán tan grandes, las transformaciones tan globales, quizá lo que se intensifiquen serán las tendencias que ya existían con anterioridad a la pandemia: menos globalización, vuelven las fronteras, más control social, sin grandes liderazgos internacionales… Todo un reto para un mundo ya de por sí muy debilitado. 

Ahora lo que nos interesa como humanidad es una mayor colaboración entre todos, Estados, grandes multinacionales, etc. a nivel global; y las pymes, las instituciones, las administraciones, los ciudadanos, a nivel local. Los conflictos solo generan situaciones donde muchos pierden y pocos ganan, y aquí se trata de que todos ganen, no es imposible, solo hay que hacerlo, pero para eso necesitamos líderes. Líderes capaces de reescribir la historia, que utilicen la Inteligencia Artificial a favor y no en contra de la libertad, que abran nuevos caminos para una sociedad más justa y solidaria, donde nadie quede al borde del camino… Esa es nuestra esperanza y nuestro reto. Así que, como decía Herrera Oria -a quien también le tocó vivir momentos complejos-, “nada de lamentos, acción”.

Enrique Belloso Pérez

Director de Proyección Social y Comunicación de CEU Andalucía

Artículo incluido en la revista de mayo de Agenda de la Empresa