INTÉRPRETES: Matthew Brook (Claudio), Anne Hallenberg (Agrippina), Renata Pokupié (Nerone), Alicia Amo (Poppea), Xavier Sabata (Ottone), Joao  VlaaVFernandes (Pallante), Antonio Giovannini (Nar (Narciso), Valeriano Lanchas (Lesbo), Serena Pérez (Giunone).

Dirección  musical: Enrico Onofri

Dirección de escena: Mariame Clément

Reposición de la puesta en escena: Marcos Darbyshire

Diseño de escenografía y vestuario: Julia Hansen

Diseño de iluminación: Bernd Purkrabek

Video: fetFilm

Orquesta Barroca de Sevilla

PRODUCCIÓN: ´Ópera de Oviedo y Ópera Ballet Vlaanderen

                                               HÄNDEL: “El gran pagano”

Aunque se advierte con facilidad la diferencia entre Bach y Händel, aún hoy existe la rutinaria costumbre de aproximarlos. Así pues debemos resaltar que fueron distintos en los comienzos,   en su formación, existencia, ideales, gusto musical y aun en la actitud religiosa, pues solamente tuvieron de común el año del nacimiento, la región que los vio nacer,  el triste accidente de la ceguera hacia el final de sus vidas y algún elemento cultural … Mientras Bach elaboraba pacientemente El arte de la fuga, accesible sólo a los más expertos, triunfaba Händel con sus oratorios claros y magníficos de resonancia universal así como con sus óperas. La diferencia vital entre ambos es abismal: Händel, luterano también,  había rechazado la abjuración, que le habían propuesto los católicos, pero se dio a la buena  mesa y la vida regalada, por lo cual mereció el epíteto de “gran pagano”. Su diferencia vital abre, pues, un abismo entre ambos compositores.

Entre las primeras óperas, ricas en referencias italianas, se encuentra Agrippina, con libreto del cardenal Grimani, perteneciente al género heroico cómico y en la que Händel utiliza con frecuencia los violines en la parte del canto, asignando las voces de bajo a partes ‘serias’. Este nuevo triunfo le valió el cargo de Kapellmeister en la corte de Hanover.

  • della Corte y G.Pannain (Ed.Labor)

La versión ofrecida en el Maestranza traslada los hechos a la actualidad, destacando el talento creador de Mariaine Clément que, junto a Marcos Darbyshire y Julia Hansen ‘actualizan’ la acción, con especial protagonismo para Ann Hallenberg (que actuaba por segunda vez en Sevilla),’escoltada’ por Fernandes (gran barítono), Sabata (expresivo), Brook (de menos a más)  y demás integrantes del exigente elenco vocal (y actoral). A destacar, por su talento y verosimilitud, la aportación del video, imprescindible en el éxito del conjunto.

Sin embargo, a la  vista de la puesta en escena- que nos traslada al siglo XX- me permito hacer ciertas puntualizaciones que afectan a lo que Andrés Amorós califica de “directores ególatras” que manipulan las obras para su mayor gloria, olvidando que, al gran público le encanta la reconstrucción de su ambiente con el vestuario y mobiliario adecuados; en ese mundo tienen sentido los conflictos que allí se plantean. En cambio, muchos directores de escena de teatro y, sobre todo, de ópera se empeñan en cambiarlas de época, “para acercarlas al público.

 ¿Por qué las óperas de Verdi, Puccini o Donizetti se sitúan en la Alemania de Hitler, la Italia de Mussolini o un bar de copas actual? ¿Nos emocionarán menos La Traviata, La Bohème o El exilir d’amore si las vemos situadas en el ambiente que esas óperas presentan, en vez de haberlas trasplantado artificialmente al mundo del “Me Too”, el Brexit y Podemos?  Por supuesto, los grandes mitos mantienen su vigencia en cualquier época y lugar, pero la vanidad de algunos directores de escena que quieren colocarse en el primer plano y manipulan las obras ‘para su mayor gloria’ e intentan servirse de ellas, en vez de servirlas. Se habla de una Traviata de … o de un Otelo de …, en vez  “de Verdi”. Si consiguen que los abucheen culparán al público burgués y añadirán una medalla más a su currículum de buscados escandalillos.  Yo los llamaría ‘directores ególatras’. ¿Escapa esta original “Agrippina”  a las nuevas tendencias estéticas?  La exhibición de sexo explícito –braguetas “prestas”, ayuntamiento carnal, exhibición de higiene íntima post  coito de la protagonista femenina-  …-E n mi modesta opinión, nada de esto añade valor estético al invocado realismo  de la codicia de los personajes.

MFR