Por primera vez en la historia de la Organización de las Naciones Unidas, el auditorio de la Asamblea General no no ha sido abarrotado en la jornada inicial de la máxima cita diplomática anual del mundo. En cambio, un representante de cada país se ha sentado a distancia de sus homólogos de los 193 Estados miembros de la ONU y en la pantalla frontal se proyectará el discurso grabado por los mandatarios de todo el mundo.

La pandemia de COVID-19 ha obligado a todos los países a operar de una forma que hasta hace poco tiempo hubiera parecido parte de una novela de ciencia ficción. La mayor emergencia sanitaria de la historia moderna ha desatado una aguda crisis económica global y ha generado división entre las naciones en cuanto a la respuesta que se debe implementar.

Mientras que algunos gobiernos han optado por planes nacionalistas alejados de la cooperación internacional, otros, los más, consideran que el multilateralismo es el único camino posible para enfrentar y superar la contingencia.

En este, el año en que la ONU cumple 75 años de su fundación, más de 160 jefes de Estado y de Gobierno se dirigirán a la Asamblea General para abordar las múltiples aristas de la pandemia de COVID-19 durante su participación en el debate del órgano deliberativo.

El desarrollo y distribución de una vacuna segura y efectiva contra la nueva enfermedad, la mejora y ampliación de los sistemas sanitarios, la reapertura de las escuelas, el impacto económico de la pandemia en la población, la reactivación económica, la necesidad de fortalecer el multilateralismo y la cooperación y solidaridad internacionales serán algunos de los puntos que seguramente tocarán los presidentes y primeros ministros durante sus discursos.

Además de esta discusión, se espera que los dignatarios hablen sobre otros temas que requieren atención inmediata, como el cambio climático, el impulso al desarrollo sostenible y la solución a los conflictos armados, muchos de ellos de larga data.