Hace poco más de cuatro años, tuve ocasión de conocer al sociólogo Zygmunt Bauman, en su visita a Barcelona. Soy fan de este hombre pequeño en estatura, pero inmenso en sentido común, un superviviente de la gran guerra, que vivió en la URSS y después en Leeds, donde falleció con 91 años; nadie como él definió lo que está pasando y nos regaló un “aviso para navegantes” como dice mi amigo colega Joan Cohí, ya que esta modernidad simplemente contribuye al desarraigo individual.

Estamos de acuerdo en que todo va muy rápido, vivimos precipitadamente y la globalización hace que el mundo sea más pequeño y los problemas más grandes; igual metáfora ocurre con los hijos, aunque de signo contrario y hoy el problema está en las urgencias, porque queremos más cosas, ¡y las queremos ya!

En la empresa pasa lo mismo, algunas se quedaron atrás en sus procesos y ven a su alrededor cómo sus competidoras hacen cosas distintas y hasta se reinventan para no envejecer; por fortuna, las personas somos las que evolucionamos y podemos aprender a cambiar las cosas si tenemos claro, al fin y al cabo, que una mariposa no es otra cosa que un gusano con experiencia.

Lo malo es que no hemos aprendido mucho, seguimos tirando toneladas de basura al mar, quemamos bosques, compramos plásticos y nos dejamos engañar por las promesas de  tratamientos para prolongar la existencia, olvidándonos de la prevención y renunciando a seguir un modelo de vida basado en el consumo racional de la naturaleza, compramos en el “súper” sal refinada o sea “cloruro de sodio” pudiendo desecar sal del mar, auténtica, con solo el radiador de casa, llena de minerales que necesitamos y además gratis.

Si las utopías sirven para caminar, como decía Galeano, el puro ejercicio de la vida supeditada a Internet y a los amos del marketing que nos venden todo lo que no necesitamos, pervirtiendo además a nuestros niños, quizás nos llevará de verdad a este apocalipsis que vaticinaba Bauman, pues de momento nos está dirigiendo a un modelo de felicidad basada en el consumo inmediato; y lo peor de todo es que también afecta a las relaciones emocionales en estos  amores “líquidos”, que no son otra cosa que el miedo a las relaciones duraderas.

La “deshumanización” de Europa y otros países del primer mundo frente a los refugiados, la volubilidad de las relaciones entre los jóvenes, la falta de solidaridad entre los propios trabajadores en las empresas, la ausencia total de compromiso tanto del empresario con el empleado, como al revés, parecen anunciar un tiempo “líquido” pero al mismo tiempo “frío” hablando emocionalmente, y éste es el problema, por eso las empresas se abonan a panfletos como la responsabilidad social, en la que no creen, pero que usan como herramienta de marketing interno y externo; ante el imposible paradigma de que las personas son lo más importante en una corporación faltaría adicionar ”siempre y cuando den resultados”, como dice Gianni Vattimo “No importan los dogmas sino la caridad”.

No se trata de hipocresía, sino de realismo y tampoco sé si podemos recuperarnos de todo eso, ignoro si estos avisos pueden provocar pánico, me conformaría en que pensáramos un poco en esta inmediatez de todo y aprendiéramos a esperar, porque si no sabemos disfrutar las vigilias, la fiesta de nuestra vida nunca será completa.

Miquel Bonet  | Abogado, profesor, autor de “Búscate la vida”

Artículo incluido en el número de diciembre de la revista Agenda de la Empresa