¡Motivado se viene de casa!, frase hecha dicha por muchos jefes, pésimos aprendices de líderes. Están en esa categoría de personas que a veces piensas que lo mejor que nos podría pasar es que se fueran a la competencia, que ahora que los conoces no los contratarías en tu empresa aunque trabajen sin cobrar. Es impresionante la capacidad del ser humano, en posiciones de liderazgo de equipos, para conseguir, por medio de las palabras, el efecto contrario del que muchas veces pretende. Recuerdo cuando con ocasión de un programa de desarrollo directivo al que asistí el consultor nos propuso el siguiente ejercicio: “creemos entre los asistentes el perfil de dos empleados tipo de la compañía (edad, historial, aficiones, intereses, etc.)” y a continuación nos pidió que ideáramos un plan de desmotivación para cada uno de esos dos ficticios empleados. Cada grupo presentamos nuestras aportaciones, y lo cierto es que parecía que fuéramos expertos en la materia. Las propuestas incluían acciones como:

No decirle lo que en la empresa se espera de ellos.

No darle la oportunidad de hacer en su trabajo aquello que saben hacer mejor.

No reconocerle el trabajo bien hecho.

No tener en cuentas sus opiniones.

No procurar que la misión de la empresa sea importante para él.

No asegurarnos de que tenga la oportunidad de aprender y desarrollarse en el trabajo.

No hablar con él sobre su desarrollo, su evolución.

Lo curioso del caso es que casi todas las conductas que afloramos las habíamos experimentado en algún momento de nuestra corta carrera, ¡y seguro que no habían sido planificadas! Nos dimos cuenta que los directivos, sin necesidad de formación ad hoc podemos ser -por no decir somos- unos expertos desmotivadores.

La motivación es uno de esos factores que tiene un gran atractivo para todos los que en algún momento dirigimos personas.

¿Qué es lo que hace que Nadal vaya por esa pelota que le han tirado al lado opuesto de la pista cuando cualquier otro tenista ya hubiera desistido? ¿Qué es lo que hace que un equipo (profesional o amateur) luche hasta la extenuación para conseguir ganar? ¿Qué hace que una persona de nuestro equipo haga ese esfuerzo adicional necesario en muchas ocasiones para alcanzar el objetivo de manera continuada?

Neurológicamente parece que hay acuerdo en que la motivación es consecuencia de la activación de un proceso cerebral que se dispara cuando las personas imaginamos los beneficios futuros de una meta. Este proceso cerebral facilita al ser humano renunciar a una recompensa inmediata (la que nos proporciona el dejar de hacer lo que estamos haciendo o no hacer lo que tendríamos que hacer) para hacer un esfuerzo adicional en el presente que le permitirá conseguir esa recompensa en el futuro (premio en diferido, parafraseando a una conocida exministra).

Y también está comprobado que si esas metas están alimentadas por elementos internos de la persona (factores intrínsecos), por la imagen de lo que la persona quiere alcanzar, por lo que se denomina su “YO IDEAL”1, provocan una motivación más sostenible, duradera y potente de cambio voluntario en la conducta que si lo que alimenta la consecución de la meta son factores extrínsecos a la persona como recompensas materiales, económicas, etc. cuyo impacto son más cortoplacista.

Por lo que, quizás en lugar de decir “motivado se viene de casa”, los que dirigimos equipos deberíamos preguntar, observar y escuchar a nuestros colaboradores para saber cuál es su yo ideal2, qué es lo que les mueve interiormente y poner los medios que, cuando menos, no impidan que identifiquen conexiones entre lo que hacen en el presente y lo que quieren ser en el futuro. Eso hará que en lugar de decir “motivado se viene de casa”, sepamos por qué vienen motivados de casa.

1 Primal leadership: The hidden driver of great performance – Goleman, Boyatzis y McKee – Harvard Business Review, diciembre de 2001.

2 Yo ideal: impulsor emocional del cambio voluntario en conductas, emociones, percepciones y actitudes.

Álvaro Vioque | mktg.&management for education

@AlvaroVioqueG

Artículo incluido en el número de noviembre de la revista Agenda de la Empresa