Para cuando se publique este artículo, habrá en Andalucía un nuevo gobierno. Los ciudadanos siempre esperan que todo vaya mejor, que no olviden los nuevos elegidos que tienen un mandato del pueblo para cumplir, que estaremos vigilando y que les deseamos éxito, sin perder de vista que en esta revolución del 4.0 se debe mejorar la calidad de vida de la gente, porque es lo que importa, lo demás es prosaico.

Me parece genial que se quiera erradicar este paro endémico y que se creen puestos de trabajo, pero, para eso, hay que crear empresas, que son las que dan trabajo. Esperamos impacientes que se optimice la formación en congruencia con las necesidades del mercado y que se eliminen trámites administrativos para fomentar la creación de empresas, revitalizando las vocaciones emprendedoras.

A lo mejor, un elemento tangencial para eliminar este decrépito ninguneo de la mujer y también luchar contra la violencia de género tiene que ver con las acciones para propiciar un acceso en igualdad de condiciones al mundo laboral, contribuyendo a erradicar esta dependencia económica que, a menudo, impide escapar del círculo de convivencia forzada, y así poder construir un proyecto de vida propio.

Estamos entrando en la cuarta revolución industrial, ésta que se denomina del 4.0, y nos estamos agobiando con tanta digitalización, con esta deriva hacia la Robótica y la Inteligencia Artificial, esto no hay quien lo pare, pero no olvidemos  que aún seguimos siendo nosotros los protagonistas. Por tanto, hay que vivir de forma responsable, gestionar con prudencia el consumo que ahora se basa en el costumer experience, y  debemos ir al mercado con la prevención de tener claro lo que no nos hace falta y elegir bien.

Nos estamos preparando para este desafío 4.0, empezando por tomar conciencia de que vivimos en un planeta agotado. Ya aprendimos a discriminar la basura, también vamos cambiando hábitos de compra, recurrimos a foros para saber las experiencia de otros vecinos, vivimos al día sospechando la incerteza del futuro y hasta vamos al gimnasio para gustarnos un poco más. Todo está muy bien, sin perder de vista que esta “libertad” para elegir pasa por mejorar la  cultura y los valores. No estaría nada mal, que al margen de la ayuda oficial y sin excusas, siguieramos cambiando nuestra forma de vivir, nos reinventáramos para entender que en los próximos 20 años muchas profesiones van a desa-parecer y, por tanto, hay que apuntar a una formación que nos haga competentes con las demandas del futuro.

Y de paso, podríamos reaprender a relacionarnos mejor con los demás, o sea, más pendientes de la comunicación presencial llena de miradas, caricias y guiños con nuestra gente, ya que son estas emociones las que nos hacen únicos y auténticos y, aunque no podamos parar esta digitalización anónima que se nos viene encima, que por lo menos no nos roben nuestra alma y nuestra conciencia de persones más humanas.

Miquel Bonet |Abogado, profesor, autor de “Búscate la vida”

Artículo incluido en el número de febrero de la revista Agenda de la Empresa