Voy a contarles una historia real que se remonta a los años 60 del pasado siglo, cuando el país trataba de remontar una guerra civil y todo el tejido industrial trataba de emerger, o sea, lo que hoy conocemos como “reinventarse” y que consistía en idear nuevos productos, buscar otros mercados y sobrevivir, por desgracia sin mucha ayuda del gobierno. Pues bien, una de tantas empresas familiares dedicada a la fabricación de zapatillas de esparto y tela optó por aplicar suelas de goma y mejorar el calzado frente a la humedad y decidió aventurarse con dos de sus viajantes -hoy “Comerciales”- para explorar el mercado africano, preparando un muestrario para la misión y emprendiendo un viaje hacia Guinea ecuatorial en dos zonas distintas.

A las dos semanas regresó el primero lamentándose de la falta de éxito de su misión y justificando su fracaso con la excusa de que allí la gente no usaba zapatos; en realidad, recorrió parte del país en plan turista, aprovechando la hospitalidad de los contactos que le había proporcionado la empresa. Pasó casi un mes sin noticias del otro vendedor, hasta que se recibió con alivio un telegrama con este texto: “Perdón retraso, soy Juan, mucho calor, mala comida, demasiados mosquitos, gente muy receptiva, país bonito, muy verde, voy a vender mucho, AQUÍ TODOS VAN DESCALZOS Y NECESITAN ZAPATOS, los convenceré con tiempo y paciencia STOP”. Se trataba de un joven vendedor que apenas había salido de ruta, pero con mucho entusiasmo, y que se apuntó al viaje porque vio la oportunidad de aprender y prosperar.

De este relato, me quedo con una reflexión: ante un mismo problema, todo depende de la actitud personal, pues donde unos ven el desastre, otros ven un triunfo. A pesar de los años, siempre han habito ciclos vitales; ya ahora estamos en una crisis sanitaria con efectos desastrosos para la economía y que sufren especialmente los colectivos más vulnerables, pero solo es posible superarla siendo positivos y, sobre todo, con el Trabajo. Está claro que existen desequilibrios entre oferta y demanda por varias razones ligadas a la crisis, los ERTE o la agonía de muchas empresas, pero todo eso pasará y habrá un efecto rebote, incluso cierta euforia, ya que somos resilientes y hay ilusión por consumir y resurgir. Además, cuando estás en el fondo solo puedes emerger.

No obstante, me preocupa la otra parte del iceberg, la que ocultamos, y me refiero a los problemas concretos que ya teníamos antes de la crisis y que no se han resuelto, como el déficit de formación técnica, los llamados STEM, la poca afición femenina hacia los grados técnicos, la falta de oficio y vocación de servicio, el agravio a la FP, que no cuidamos a los artesanos, la escasez de comerciales, el déficit de emprendedores y lo peor, que está relacionado con el principio de esta historia, la falsa creencia de que “alguien” va a resolvernos el problema, este falso paradigma de echarle la culpa a todo sin pensar que ser libres significa ser responsables cada uno de lo que nos pasa. Y aquí hay una reflexión para padres, educadores y gobernantes: por qué aceptamos el fracaso escolar sin tener en cuenta que la causa tiene que ver con la poca inspiración que debimos transmitir a nuestros hijos, alumnos y vecinos, por qué olvidamos que la única vacuna válida es la ilusión por el futuro. Como decía el vendedor de la historia, es más fácil vender zapatos a alguien que va descalzo, y solo hay que convencerlo de que estar calzado supone estar más protegido y seguro para caminar y poder llegar mucho más lejos.

 

Miquel Bonet

Abogado, profesor, autor de “Búscate la vida”

Artículo incluido en la edición de abril de Agenda de la Empresa