Miquel Bonet

Abogado, profesor

Autor de “Búscate la vida”

Alguien dijo un día que las personas tenemos la obligación de usar sabiamente los recursos del planeta durante toda nuestra existencia y que al final seríamos juzgados por ello. Para entender mejor estas etapas de la vida, los filósofos inventaron unas reglas naturales para ser recordadas en algún momento y el ejemplo más recurrente, por su sencillez, sería la famosa pirámide de Maslow, que simboliza la ascensión del espíritu y el crecimiento personal, ya que las personas, una vez satisfechas nuestras necesidades básicas, buscamos crear y hacer “sostenible” una situación de orden y seguridad para proyectarnos y trascender.

Claro que para ello haría falta una conciencia social, procurando en todo caso que nuestra forma de producir, de gastar e incluso de vivir, cause el mínimo impacto posible para el planeta, al final es solo una cuestión de equilibrio. Se trata de minimizar el consumo de recursos naturales, agua, energía, materias primas, decidirnos por el hidrógeno verde para “limpiar” el humo y optimizar los procesos productivos, potenciando la economía circular, por tanto, reducir, reciclar y reutilizar, esto debe interiorizarse y convertirse en estrategia de negocio para promover la economía.

¿Qué va a pasar después de la crisis del COVID? No estoy seguro del todo, pero confío en esta capacidad humana que tenemos para anticipar el futuro y convertir nuestro cerebro en una máquina de lanzar hipótesis a diferencia de los animales. Para los que solo cuenta “vivir ahora”, me temo que, a partir de estos brotes verdes, se desate la euforia y todo el mundo salga a gastar y consumir por el efecto rebote que ya conocemos, pero quizás nos encontremos con que muchas empresas ya han cerrado, por tanto, la prioridad sería mantener el círculo productivo y el consumo responsable. En el fondo, este “paro” obligado le ha venido bien al planeta y debería ser bueno para todos si somos capaces de comprender que el progreso no es solo una competición, sino que tiene que ver con la economía colaborativa, pues solo ganamos cuando todo el mundo gana. De hecho, todos los recursos que recibimos son solo un préstamo que debemos devolver en mejor estado para generaciones venideras.

Estamos en un escenario de economía ultraliberal en el que no hay lugar para un crecimiento sostenible de empresa y trabajadores, porque todo está determinado por la oferta y demanda, por tanto, cualquier proyecto es temporal y solo existe fidelización y transmisión de talento mientras exista demanda y la alternativa es paro y miseria. Pero frente a esta realidad, solo cabe pensar y abordar de inmediato modelos que sean sostenibles y eficientes, como por ejemplo el que propone European Green Deal, liderando la transición hacia la neutralidad climática y la transformación digital como un medio para recuperar la economía europea mejorando la competitividad y también el mundo laboral. Existen estudios por parte de la Fundación Ellen Mac Arthur y otros que estudian el impacto positivo para el empleo motivado por el aumento de gasto impulsado por precios menores, en muchos sectores, y la intensidad de mano de obra en trabajos de reciclaje y de mayor cualificación.

Hemos podido ver en los últimos años que el empleo tiene mucho que ver con la capacidad de aprender y reinventarse de cada uno de nosotros, por tanto, innovación y competitividad. Por tanto, se trataría de sustituir la producción de productos y servicios unidireccionales por otros circulares desde su propia concepción y diseño si somos capaces de abrir nuestra mente y actuar de forma más responsable pensando en términos de sostenibilidad, pues como diría Gandhi, tenemos recursos en el mundo para garantizar nuestras necesidades, pero quizás no son suficientes para garantizar nuestra avaricia. 

https://www.paginasdeagenda.com/2021/01/04/agenda-de-la-empresa-no-263-enero-2021/