Uno de los grandes mitos de la música fue, sin duda, Duke Ellington, y una de sus frases antológicas era “… en música lo importante no es QUÉ pieza vamos a tocar sino CÓMO lo vamos a hacer”. Esa sería la esencia del jazz y de la mayoría de relaciones humanas y lo digo porque ya estamos hartos de títulos, etiquetas, tópicos y, sobre todo, de personas, incluso universitarias, que se llaman profesionales, pero que no ejercen mayor oficio que tener un máster con derecho a despacho y un smart y, ale, a repetir hábitos, frasescillas tópicas o incluso métodos mal aprendidos que no aportan nada positivo o, por lo menos útil, ante la inestabilidad del mundo económico actual, porque la complejidad de cada empresa, servicio o, incluso, el ámbito de mercado, se transforma constantemente.

En menos de 24 horas, la más importante empresa fabricante de aviones está al borde de la ruina por un accidente del que aún no se conocen ni siquiera las causas, aunque lo más preocupante es que las primeras excusas hablan de un “exceso” de automatización. Quizás debemos preocuparnos porque estamos cerca de aquel día que anticipara Einstein en el que la tecnología sobrepasará la interacción humana y pasaremos a convertirnos en auténticos idiotas.

Todos sabemos la gran influencia que tiene el consumo y la innovación sin límites en la economía en general, y aquí parece más importante: QUÉ juguetes, trastos, accesorios, utensilios o incluso productos debemos poseer para aspirar a este modelo “ficticio” de felicidad que nos han vendido: hay que disfrazarse, tener el coche más grande, más vacaciones, los últimos smarts, un cuerpo retocado, estar en las redes y más cosas para ser “alguien”. Claro que todo esto frustra a nuestra generación de millennials, porque no están nada seguros de su futuro y tampoco son capaces de construirse un proyecto de vida, en parte porque tampoco lo tienen sus padres y, naturalmente, los profesores no tienen que educar, sino acompañar.

Ante esta realidad y como simple propuesta, creo que deberíamos pensar mucho más en el CÓMO hacer las cosas, en cómo vivir, vestir, tratarnos y educarnos para tener la autonomía suficiente, al menos culturalmente, para poder decidir, ésta es la cuestión y no otra, porque el mundo se nos ha hecho global y pequeño gracias a Internet y todo nos influencia. Sin embargo, las convicciones, los valores, el autoconocimiento y la actitud son individuales, es como si la partitura estuviera escrita y a la vista de cualquiera, pero cada uno debe decidir qué instrumento usará y cómo va a interpretar las notas.

Todo eso está muy bien, pero: ¿saben cuál es el problema más grande? Sin duda, la ignorancia, pero, además de eso, lo peor es que no hay directores de “orquesta”, cuesta mucho encontrar referentes en nuestra vida profesional y real. No se trata de buscar héroes, que los hay en cualquier lado, sino auténticos líderes. Estas personas que tienen credibilidad, en los que confían y que saben que van a resolverte un problema. Eso no se fabrica con un “manual” en la escuela de negocios, eso forma parte del compromiso con los demás y que, por suerte, muchas mujeres lo vienen asumiendo hace años en sus familias y que deberíamos aprovecharlo en la emprendeduria y ¿qué pasa con los millennials? Pues hay que empoderarlos, otorgarles confianza, acompañarlos y ponernos de ejemplo por delante. Como siempre, el aprendizaje depende de la motivación, el trabajo y la práctica, no hay más.

Miquel Bonet |Abogado, profesor, autor de “Búscate la vida”

Artículo incluido en el número de abril de la revista Agenda de la Empresa