Los militares leales al Gobierno de transición iniciaron una operación para reducir a los militares del Regimiento de Seguridad Presidencial, que el pasado 16 de septiembre interrumpieron el Consejo de Ministros y detuvieron al presidente y al primer ministro. Ante la negativa de los golpistas a entregar las armas, el Ejército atacó el cuartel.

Tras un tenso pulso y, hasta un ataque con artillería pesada, el asalto ha terminado sin derramamiento de sangre. Los sublevados permanecían en la base Naaba Koom II, cercana al palacio presidencial en Ouagadougou, para forzar a las instituciones transitorias a conceder una amnistía a todos los participantes en la asonada.

Pero el Ejército leal al Gobierno ha endurecido su respuesta. Sólo la mediación del líder de los sublevados, el general Gilbert Diendéré, ha evitado un baño de sangre, al pedir a sus subordinados que depusieran las armas.

Burkina Faso avanza hacia los comicios del próximo 11 de octubre en medio de una grave crisis política.