Tras aterrizar en la zona militar del aeropuerto de la capital colombiana, el Papa tuvo su primer apretón de manos con el presidente de la República Juan Manuel Santos, Premio Nobel de la Paz en 2016, que iba en compañía de su esposa, María Clemencia Rodríguez de Santos.

Después saludó a Emmanuel, que nació en la selva mientras su madre, Clara Rojas se encontraba secuestrada por las FARC. También saludó a otras víctimas del conflicto armado que ha ensangrentado el país durante décadas. Como símbolo de paz, Emmanuel entregó al Pontífice una paloma de porcelana blanca, creada por una escultora y fotógrafa bogotana, Ana González Rojas.

Una vez concluido el recibimiento, Francisco ha abordado el papamóvil para un recorrido de 15 kilómetros que le lleva hasta la nunciatura apostólica, donde pernoctará.

Durante el recorrido, el papa se ha dado su primer baño de multitudes y ha saludado sonriente desde el papamóvil a los policías y demás miembros de los cuerpos de seguridad que estaban en la pista.

El vehículo blanco, precedido por decenas de policías en motocicletas, ha tomado luego la Avenida el Dorado, que comunica al aeropuerto con el centro de la ciudad, donde miles de personas lo saludaban con gritos, banderas y pañuelos blancos, y los más entusiastas corrían algunos metros detrás de la caravana.

Después de recorrer las calles de la capital, Francisco fue recibido en la Nunciatura a ritmo de “cumbia-hip-hop-salsa”, desde donde exhortó a los jóvenes a no perder la esperanza, y les agradeció «por la alegría que tienen y por el camino que han elegido, y eso se llama heroísmo. ¡Sigan adelante, sigan adelante, así! No se dejen vencer —los exhortó—, no se dejen engañar, no pierdan la alegría, no pierdan la esperanza, no pierdan la sonrisa, ¡sigan así!».