“Todo el mundo tutea a todos sin importar edad, condición social, respeto, o el conveniente distanciamiento para evitar el peligroso compadreo; el “usted” desaparecerá de la lengua por falta de uso. Será algo tan arcaico como ahora el “vuestra merced”. Admito que no dejarse tutear, puede parecer falta de educación. Es todo lo contrario: es la suplencia de la falta de educación en la escuela de una serie de valores que algunos echamos más en falta. Son los propios profesores los que incitan al tuteo. Creen que un alumno que hable de usted al profesor es facha. Un profesor se siente más simpático y querido si lo tutean. Desaparecido el “usted”, el igualitarismo se ha adueñado de las aulas y lo que es peor, de todo principio de autoridad”. (Antonio Burgos; “El tú del mensajero”, ABC 04-09-2019).

El comentario citado literalmente más arriba me mueve a retrotraerme a un artículo de índole similar, acerca de la imposición del tuteo, publicado en esta misma revista por quien suscribe hace unos años. Tutear a troche y moche, sin el consentimiento, siquiera tácito, del interlocutor, se ha convertido en norma suprema cuya pretensión parece ser eliminar las “barreras sociales” y los formalismos, en aras de la “democratización” del lenguaje, tal vez porque resulta impopular admitir que el respeto no exime del afecto, antes bien, lo fortalece. Y ello sucede también en otras lenguas cultas y universales, como el francés o el inglés, en las que tu/toi quedan circunscritos al círculo familiar, con alguna que otra excepción, prevaleciendo la fórmula vous, que no es objeto de la más mínima controversia. En cuanto al inglés, el universal you, aunque aparentemente carece de alternativa al vous francés y al usted castellano, utiliza otros recursos: nombre de pila, apellido, entonación, además de los clásicos sir o madam

Por otra parte, abunda el concepto erróneo de atribuir a usted una connotación negativa, un signo de distanciamiento, cuando no de discriminación social, en contraposición, afirman algunos, al llano tu, que a todos iguala. Pero sucede que, al equiparar tuteo con comportamiento democrático se induce, por contraste, al  rechazo de usted como forma respetuosa de dirigirse a desconocidos o a aquellas personas que, por determinadas circunstancias serían merecedoras de un trato menos informal. Para aquellos que creen de buena fe que hacer tabla rasa de determinadas fórmulas de cortesía otorga una posición de igualdad, parece oportuno echar una mirada retrospectiva a la historia política de Europa en las primeras décadas del siglo XX, cuando la eclosión del comunismo y del fascismo acuñó el término camarada como símbolo -ciertamente artificial- de la desaparición de clases.

Al tuteo se ha sumado otra moda mostrenca, filtrada sinuosamente en el ámbito de nuestras relaciones sociales: la desaparición de los inofensivos y respetuosos don, doña, señor, señora o señorita, términos hoy absolutamente proscritos y, si me apuran, considerados humillantes, lo que explica que se haya impuesto dirigirse a las personas (sin su consentimiento, se entiende) simplemente por su nombre de pila, sin tener en consideración edad u otras circunstancias.

Sospecho que esta obsesión casi patológica por un igualitarismo de pacotilla, que no supone el más mínimo compromiso, afecto o solidaridad para con el prójimo, ese temor a ser considerado ‘inferior’, no sean sino la máscara que pretende encubrir un manifiesto complejo de inferioridad bendecido por los dioses de la corrección política. Acierta, como de costumbre, el maestro Antonio Burgos, al denunciar tanta absurda imposición lingüística.

Miguel Fernández de los Ronderos   |   informaria@informaria.com

Artículo incluido en el número de octubre de la revista Agenda de la Empresa