Padre desconocido del piano romántico, John Field fue uno de los pianistas más célebres de la primera mitad del siglo XIX

Hace varios años escribía bajo este mismo título un artículo en el que mostraba mi curiosidad por un músico a quien se atribuye la ‘paternidad’ del nocturno (1) para piano, aunque se dé la paradoja de que solo se conozca el nombre mas no su música, ausente sempiterna de las salas de conciertos. Mucho se ha escrito en torno a la influencia que la obra del compositor irlandés John Field, nacido en Dublín en 1782, ejerciera sobre Frédéric Chopin, especialmente en la ‘paternidad’ de esa miniatura pianística -el nocturno- cuya influencia en la Rusia del siglo XIX no debe subestimarse. Pianista de transición entre el pianoforte y el piano, entre el mundo del salón y de los conciertos, Field no perteneció a ninguna escuela ni sistema establecido. A través de sus discípulos (uno de ellos profesor de Rachmáninov) su influencia sobre la tradición rusa del piano fue enorme.

Field, educado en el seno de una familia de músicos y discípulo predilecto de Muzio Clementi, el profesor de piano más reputado de la época, simultaneó su aprendizaje como ‘probador’ en una casa de pianos (había de tocar durante horas para mostrar las excelencias del instrumento) con la de concertista, una actividad aún incipiente que eclosionaría con inusitado esplendor a lo largo del siglo XIX. Field conoció pronto la fama y el éxito, sobre todo al establecerse en San Petersburgo y sentirse apreciado por la aristocracia, pero también la penuria y la enfermedad, consecuencias de una vida más que azarosa. Su quebrantada salud le obligó a pasar una larga temporada en un hospital de Nápoles, hasta que fue recogido por una familia rusa, marchando con ella a Moscú, donde acabó sus días en 1837.

Field perseguía tenazmente, al igual que Chopin, la composición y el virtuosismo a través del piano, y sus intentos de obtener un sonido romántico y velado del instrumento influirían de manera decisiva en el complejo y sutil empleo del pedal. Cuando escucha a Chopin en París, en 1832, definiéndole como ‘talento enfermizo’, Field, seguramente arrastrado por los celos, enfermo y dominado por el alcohol, se siente tal vez desconcertado al ver a aquel joven cosechar los elogios que cierto día fueran para él.

Lo mejor de los nocturnos de Field -algunos realmente cautivadores- lo constituye sin duda sus imaginativas versiones del bel canto para piano, ya que, tanto él como Chopin no se inspirarían absolutamente en el piano, pero sí en el estilo de la ópera italiana, que influía poderosamente en los gustos europeos de las primeras décadas del siglo XIX. La canción de amor de Almaviva, en el primer acto de El barbero de Sevilla de Rossini, o la primera parte de la Casta Diva de Norma, son ejemplos de la génesis del nocturno para piano, a través de unas melodías que presagian una música que, aún asentada en una base clásica, evoluciona frecuentemente hacia pasajes un tanto experimentales y vanguardistas.

NOTA – Me permito recomendar a quienes deseen acercarse a la producción pianística de John Field la audición de sendos CDs editados por Naxos en un excelente registro de Benjamin Frith.

(1) En el siglo XVIII se dio el nombre de nocturno a una especie de serenata compuesta para ser ejecutada de noche, al aire libre, por pequeñas orquestas de instrumentos de viento, con preferencia de trompas, pero también por instrumentos de cuerda. Chopin transformó el nocturno con la profundidad de su poesía musical, mediante la cual la tristeza, la melancolía, el sosiego y la resignación fueron expresados con una intensidad desconocida hasta entonces. Entre los cultivadores del nocturno podemos citar a Mendelssohn, Schumann, Debussy y el propio Wagner (2º acto de Tristán).

Miguel Fernández de los Ronderos   |   informaria@informaria.com

Artículo incluido en el número de junio de la revista Agenda de la Empresa