Según este titular de prensa, los estudiantes sevillanos no son competitivos en idiomas. Solo 6.626 estudiantes de la Universidad de Sevilla poseen el B1, la titulación más básica de inglés. El B2, la siguiente titulación, es acreditada por 4.527 alumnos,  mientras que 1.415 universitarios han obtenido el C1. El C2, la más alta cualificación en lengua inglesa, sólo ha sido obtenida por 53 jóvenes. En total, el 75% de los estudiantes de la Universidad de Sevilla no acredita ni la titulación más básica.

Ante estos datos, inevitablemente, hay que preguntarse: ¿Cómo es posible que, tras ¡12 años! -primaria, ESO-bachillerato- de estudio obligatorio de un idioma, los alumnos sean incapaces de mantener una conversación, menos aun un debate  en torno a un tema de mediana complejidad? He aquí una de las razones que explican la proliferación de las academias de idiomas, cuyo profesorado, dicho sea de paso, subsiste -sálvese quien pueda- con sueldos de miseria, como puede comprobarse leyendo esta hoja de salarios -legal, según parece- correspondiente a un profesor nativo, titulado y responsable de la preparación del B1-pero, sobre todo, del B2 y, esporádicamente, del C1- : horas de clase semanales: 25,3; base de cotización: 1.340,43; deducciones: 111,93; líquido a percibir: 1.228,50; hora de clase semanal: ¡49,13 euros! La antigüedad es otro concepto abstracto que no se ve reflejado.

Otra cuestión que supone una laguna inexplicable es la ausencia de exámenes orales en las pruebas de acceso a la universidad. En los tiempos del ‘preu’ -y aún con las limitaciones técnicas de los tiempos- los alumnos tenían que superar un examen oral, que no era un mero trámite, tal como se desprendía de las numerosas reconvenciones y suspensos. Hoy, por fortuna, la abundancia de medios audiovisuales -no siempre convenientemente utilizados- garantizan la realización fiable de pruebas audio orales, aunque en este terreno haya que registrar más de un fallo imputable a la improvisación, tal es el caso de las citadas pruebas basadas en grabaciones y no siempre realizadas con las mínimas garantías de insonorización del aula. En teoría, al finalizar el ciclo ESO-Bachillerato, el alumno debe dominar las destrezas fundamentales: escuchar, hablar, leer y escribir, lo cual contrasta con un estudio del CIS, según el cual solo el 12% de los españoles es capaz de participar en un debate o exponer una opinión. En opinión del profesor O’Connor1, uno de los principales problemas es la pronunciación, dado que el inglés escrito y el hablado son cosas bien distintas. Por consiguiente, tanto como ‘oír’ inglés es menester ‘escuchar’, no en función del significado de las palabras sino del sonido. Y ello requiere un tremendo esfuerzo. A menos que se pertenezca al reducido número de afortunados para quienes la pronunciación es un don natural…

(1)Better English Pronunciation”,

(Cambridge University Press, 2006)

Miguel Fernández de los Ronderos   |   informaria@informaria.com

Artículo incluido en el número de abril de la revista Agenda de la Empresa