Allá por los años cincuenta del pasado siglo empecé a colaborar en El Correo de Andalucía, fundado en 1899 y conocido popularmente como el órgano de la Catedral, debido a su dependencia del Arzobispado. Su director, José Montoto, había popularizado las “pajaritas de papel”, breves comentarios que glosaban las costumbres de la época. Otros diarios eran ABC (órgano de la monarquía) y el vespertino Sevilla (del Movimiento). A propósito de este último, corría por la ciudad la respuesta que Juan Lafita -un personaje único e indescriptible, que solía dormirse en las conferencias para despertarse a la hora de la “copa de vino español”-, diera al por entonces todopoderoso Juan Aparicio, director general de Prensa, con respecto a la tirada del susodicho periódico: “Los tira todos, don Juan, los tira todos…”.

El caso es que se me encomendó comentar algunos de los conciertos y recitales que, organizados por la Sociedad Sevillana de Conciertos ¡qué tiempos aquellos! o por el teatro San Fernando, constituían la menguada actividad musical de la época. Entre los críticos y comentaristas más conspicuos figuraban Norberto Almandoz, director del Conservatorio, crítico musical de ABC1 y Telmo Vela (El Correo y Radio Sevilla), fundador del excelente Cuarteto que llevaba su nombre, una forma de introducirnos en esa parcela un tanto misteriosa que era (y sigue siendo) la música de cámara, meritoria labor a la que contribuiría la Agrupación Nacional de Música de Cámara. Las décadas siguientes, al amparo de festivales y demás organizaciones, aumentó considerablemente la nómina de intérpretes de renombre que actuaron en nuestra ciudad.

Recuerdo también con singular afecto a Juan José Gómez,  nuestro redactor-jefe, siempre abrumado por la falta de espacio (“¡Sólo media columna!”,  clamaba) y la tiranía de los horarios de los trenes-correo, de los que dependía la distribución del periódico. El teletipo mandaba, y así fue como El Correo pudo publicar la muerte de Manolete al filo de la edición, sin olvidarnos de los ‘ecos de sociedad’, que fueron ‘encerrados’ más de una vez en la “cárcel de papel” de La codorniz2. Recuerdo también a la mayoría de los redactores3, así como las altas temperaturas generadas por las linotipias, que parecían trasladarnos a la famosa bajada a los infiernos de que nos habla la literatura… Luis, el corrector de textos, siempre a la caza del ‘gazapo’, se convertía en un filtro infalible… Hoy, la informática parece haber resuelto el problema, no así el del estilo o la calidad literaria, rasgos esenciales que configuran la auténtica dimensión de un periódico. Pero todo esto pertenece al pasado. Hoy, la triste noticia -como digo- es la desaparición de El Correo de Andalucía4, un diario con solera y personalidad que no ha logrado sobrevivir a la ola de mediocridad, que todo lo invade. Con su desaparición se cierra -otra más- una de las escasas ventanas del talento periodístico. Valga como muestra la sección musical, confiada a un joven musicólogo, Ismael G. Cabral, todo un ejemplo de rigor intelectual hurtado desde ahora a sus fieles lectores

Miguel Fernández de los Ronderos   |   informaria@informaria.comMiguel-Fernandez-de-los-Ronderos-384x253-1 (1)

(1) Don Norberto redactaba sus crónicas a mano, con letra francamente ilegible. No es de extrañar que el famoso Preludio a la siesta de un fauno se convirtiese en Preludio a la siesta de … un fulano. ¡Imagínense al pobre linotipista, intentando descifrar a Mallarmé!

(2) “La revista más audaz para el lector más inteligente”.

(3) Igarfe, Delavega, Pedregal, Risquet , Gª de Pesquera …

(4) La empresa propietaria, Morera&Vallejo, afirma “estar trabajando en desarrollar un medio digital, que cuente con las innovaciones tecnológicas más actuales”, si bien en ningún momento se explica cómo va a llevarlo a cabo desde el punto de vista del personal, toda vez que ha despedido a 26 de los 29 trabajadores de  la plantilla. (ABC 12-10-2018).

 

Artículo incluido en el número de noviembre de la revista Agenda de la Empresa