Emancipó la música de sus vínculos con una época formal,

logrando mantener la verdadera voz del siglo XVIII”. (Sir Thomas Beecham)

Hace unos años, un grupo de investigadores del Departamento de Medicina del Centro Médico Cedars-Sinaí de Los Ángeles, analizó la correspondencia de Mozart, así como numerosas descripciones contemporáneas de su conducta en el British Medical Journal. Dichos análisis destacan que muchas de las cartas escatológicas coinciden con períodos de gran emoción en la vida de Mozart, tales como el nacimiento de su primer hijo o su conflicto con el arzobispo de Salzburgo.

Existen estudios que evidencian que Mozart padecía el llamado ‘síndrome de Tourette’(1) o incontinencia de las emociones, causante de tics nerviosos y de súbitos estallidos de obscenidades. Esta conducta queda reflejada, por ejemplo, en el famoso filme Amadeus, que evoca la descripción de uno de los más eminentes biógrafos mozartianos, el Dr. Paumgartner, cuando escribe: “No poseemos del gran viajero que fue Mozart ni un solo retrato salido de las manos de un pintor importante… Los honrados artistas para quienes posó se esforzaron en reproducir su figura física, pero, dada la constante movilidad del modelo -tamborileaba sin cesar sobre las cosas que estaban al alcance de su mano, como si tocase el piano- no debieron encontrar, sin duda, demasiadas facilidades por parte del maestro”.

Muchas de las cartas de Mozart e incluso de las letras para sus composiciones vocales revelan una sorprendente vulgaridad que hubo de ser censurada por su viuda, Constanza, como fue el caso de un canon cuya letra(2) hubo de sustituir cuando envió el manuscrito a los editores. En una carta a su padre, el joven Wolfgang describe cómo divertía al director de la famosa orquesta de Mannheim recitándole versos obscenos(3). Durante mucho tiempo, los eruditos se han quedado atónitos ante la paradoja de la música sublime de la que Mozart era capaz y, al propio tiempo, su tendencia obsesiva hacia lo escatológico.

Es sabido que estaba acostumbrado a trabajar en extrañas circunstancias, como cuando compone uno de sus cuartetos de cuerda mientras su esposa está dando a luz a su primer hijo en la habitación contigua, o bien jugando a los bolos que, junto al billar eran sus juegos preferidos; o, en fin, cuando leemos que la obertura de Don Giovanni no había sido aún escrita la víspera de su estreno. Y aun así, a través de una existencia intensa y convulsa, de penuria y estrechez, de escasa felicidad conyugal y con una salud en declive, se plantea invariablemente una interrogante: ¿Cómo es posible haber creado una obra de semejante trascendencia y dimensiones(4), muchos de cuyos títulos constituyen puntos de referencia universales?

Bien es cierto que los tópicos de la aparente facilidad, la gracia o la elegancia de Mozart han podido oscurecer la autenticidad de su genio, partiendo de una visión un tanto frívola y superficial. Nada más lejos. El juicio de Johann Hasse cuando Mozart contaba 15 años es clarividente: “Este muchacho conseguirá que se nos olvide a todos”.

Miguel Fernández de los Ronderos   |   informaria@informaria.com

Artículo incluido en el número de julio y agosto de la revista Agenda de la Empresa

(1) Georges G. de la Tourette, neurólogo francés (1857-1904), describió este trastorno, caracterizado por muecas y tics faciales y movimientos de brazos y hombros. En la adolescencia, el proceso empeora, pues el niño puede emitir de forma involuntaria gruñidos, bufidos o gritos. Con frecuencia se desarrolla coprolalia, “ uso excesivo de lenguaje obsceno”.

(2) En la citada publicación británica: “lick my arse, quickly, quickly”, reemplazado por “Let us be happy”.

(3) Igualmente en dicha publicación: “muck, shitting and arse-licking”.

(4) Más de 600 composiciones, según documenta en su catálogo el naturalista y biógrafo Ludwig von Koechel.