“El virus de la corrección política corroe la libertad de expresión”.  (Mario Vargas Llosa)

Entre las obligaciones de quienes nos  ocupamos  de temas que afectan nuestra vida cotidiana, no podía faltar la denuncia de un fenómeno social-la llamada corrección política- que, en su afán de proteger a las minorías de toda ofensa, ha engendrado un monstruo, “un virus que va cegando los capilares de la libertad de expresión”, en palabras de Luis Ventoso. Me permito recoger, pues, algunos de los juicios emitidos por personalidades de la lengua y de la cultura en torno a esta nueva inquisición1, esta nueva forma perversa de censura que, en opinión de Darío Villanueva, “no ejercen el Estado, el Gobierno, el partido o la Iglesia, sino fragmentos difusos de lo que llamamos sociedad civil”.

Para Vargas Llosa, lo políticamente correcto tiene que ver sobre todo con la izquierda, más que con el centro o la derecha, que ha establecido unos parámetros de los que no pueda salir una persona que no quiera acarrear impopularidad o desprestigio y que va contagiando cada vez a mayores sectores, entre ellos la cultura, plagada de lugares comunes. Es una manera -prosigue Vargas Llosa- de imponer una censura que no castiga físicamente, sino con el descrédito en aras de una supuesta corrección… Y ello conduce a la autocensura. Los críticos más duros del fenómeno lo califican de “un Mccarthysmo cultural de izquierdas”. El nuevo credo cuenta, por supuesto, con potentes aliados: Silicon Valley, Hollywood, el New York Times, Facebook … todos ellos paladines de la subcultura de la corrección política. Al mismo tiempo, se observa un rechazo a las fiestas cristianas y a sus símbolos en países mayoritariamente cristianos (como está ocurriendo en España con los ayuntamientos populistas) a fin de no hacer de menos a credos minoritarios. Para el actor londinense Stephen Fry (“candidato perfecto para ser protegido: homosexual y judío”), los avances de la ilustración están siendo empujados hacia atrás de manera sistemática y deliberada. Algunos politólogos creen que el triunfo de Trump, el súmmum de la incorrección política, entronca con un creciente hartazgo ante la suave dictadura de lo correcto. Como afirma Fry: “lo que ha hecho avanzar el mundo son los heréticos, los soñadores, los rebeldes y los escépticos”. Y Jordan Peterson concluye: “Se puede negociar con las personas, pero no con una ideología como el feminismo. Eso es técnicamente imposible”.

1 ABC Cultural nº 1353-4

Miguel Fernández de los Ronderos   |   informaria@informaria.com

Artículo incluido en el número de enero de la revista Agenda de la Empresa