En  su tradicional discurso de Año Nuevo, Angela Merkel, en el cargo desde 2005, se ha dirigido, una vez más, a todas las personas en su propio país explicando que este fue un “año político extremadamente difícil”.

De hecho, desde una perspectiva nacional, 2018 fue marcado por la larga y difícil formación de Gobierno después de las elecciones generales de 2017. Tomó seis meses “y cuando lo tuvimos, hubo disputas y mucho trabajo interno”, dijo Merkel, aunque no quiso atribuir el clima tenso dentro de la coalición como el motivo de su retiro anunciado de la política después del final de la legislatura. Según afirmó, la decisión la tomó “independientemente de lo insatisfactorio que haya sido el año pasado”. Su mandato, que ha durado 13 años, es, de por sí, “una razón suficiente”. Hay que construir sobre “lo que nuestros antecesores nos han dejado”. Y en el presente hay que edificar para aquellos que vienen. “La democracia vive del cambio”, afirmó la canciller.

Merkel mencionó después los retos que plantean el cambio climático, la inmigración y la lucha contra el terrorismo, y defendió que, para solucionarlos, es necesario que se tengan en cuenta los intereses propios y los de los demás.

“Esa es la lección de dos guerras mundiales en el pasado siglo. Pero esta convicción no es compartida ahora por todos, las certezas de la cooperación internacional están bajo presión”, ha agregado la canciller.

La canciller recordó también que a partir del 1 de enero Alemania tendrá un puesto no permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y que allí su país actuará a favor de “soluciones globales”.