Jean Shinoda Bolen es psiquiatra de profesión, prolífera escritora e incansable defensora de los derechos de la mujer. Leí en uno de sus libros una frase que me llamó poderosamente la atención: “el mundo está enfermo y necesita de los cuidados de una madre”, aparentemente sencilla como todas las grandes reflexiones de mentes privilegiadas.

Con esta afirmación en la cabeza reviso uno a uno los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. Hablan de cosas importantes. Del bienestar de las personas, del cuidado de nuestro planeta, de cómo vivir, producir y consumir con el único objetivo de co-crear un mundo más sostenible; habitable diría yo.  Y veo claramente el sentido de la afirmación de Bolen.

Me parece maravillosa la metáfora de “los cuidados de una madre”. Entiendo que se refiere a esas cualidades que tradicionalmente hemos atribuido a la mujer: sensibilidad, empatía, generosidad… indispensables para alcanzar los retos que nos hemos fijado.

Este mundo dual en el que vivimos se empeña en clasificar entre hombres y mujeres. En atribuirles a cada uno de los dos grupos características que los diferencian, que los confrontan. Así, decimos que los hombres son lógicos, racionales, osados, analíticos o firmes en la toma de decisiones. Por el contrario, se afirma de la mujeres que son sensibles, intuitivas, empáticas, con capacidad para llegar al consenso o colaborar. Y me pregunto… ¿es que no hay hombres sensibles, generosos e intuitivos? ¿Y no hay mujeres analíticas, racionales y que toman decisiones sin vacilar? He de confesar que conozco tanto a unos como a otras. Tiempo atrás construíamos iglesias y catedrales porque la vida de las personas giraba entorno a la religión. Hoy en día construimos fábricas y edificios de oficinas porque nuestra vida tiene como núcleo central el trabajo. Tanto es así que le dedicamos un tercio de nuestro tiempo de vigilia. De este modo, la forma en la que se comporten las organizaciones impacta tanto en la vida de las personas como en el conjunto de la sociedad.

La influencia de la empresa en la evolución de la sociedad es evidente como también lo es el impacto que lo femenino tiene en la rentabilidad de las compañías.

A título de ejemplo, Peterson Institute  y Ernst and Young realizaron un estudio entre 21.980 empresas de 91 países distintos. Concluyeron que cuando hay el 30% o más de mujeres en la alta dirección se traduce en un incremento de 1 punto porcentual en el margen neto de la compañía.

Pero si leemos detenidamente el informe, lo que realmente genera riqueza es que en la organización haya mayor flexibilidad, colaboración, consenso, empatía,… más de lo femenino, de lo que tradicionalmente hemos catalogado como características de la mujer. ¿Y por qué motivo generan mayor rentabilidad? Porque cuando hay más presencia de estos atributos incrementa el bienestar para las personas, hecho que permite que el talento se desarrolle. A más talento más creatividad. Con la creatividad aparece la innovación. La innovación conlleva mayor aportación de valor, que acaba redundando en generación de riqueza para la empresa.

Es preciso que las empresas tomen conciencia y asuman su responsabilidad en el desarrollo sostenible de la humanidad. Tienen a su alcance una herramienta tan sencilla como poderosa: crear las condiciones necesarias para que lo femenino pueda expresarse lográndose así un equilibrio rico y generativo, la base donde construir una nueva realidad.


Mercè Brey | Fundadora de BLUE Transforming Power

 

 

Artículo incluido en el número de enero de la revista Agenda de la Empresa