Mohamed Mursi, el ex-presidente y exponente de la Hermandad musulmana prohibida en Egipto, murió a los 67 años víctima de un infarto durante una audiencia en uno de los tantos procesos en su contra.

Según la reconstrucción difundida por los medios oficiales egipcios, en parte confirmada por la Fiscalía General, Mursi falleció por un paro cardíaco en el Tribunal establecido en la cárcel de Tora en el Cairo luego de obtener el permiso de hablar en un proceso por espionaje en favor de Hamas, movimiento extremista palestino emanado de la Hermandad, en el que estaba imputado.
El cuerpo, ya sin vida, fue trasladado a un hospital no precisado a las 14.50 GMT e inmediatamente en Egipto fue declarado el estado de emergencia.

Mohamed Morsi, una de las principales figuras de los Hermanos Musulmanes se convirtió en 2012 en el primer presidente elegido libremente en toda la historia de Egipto. Un año después, fue derrocado por un golpe militar encabezado por el actual presidente egipcio, el general Abdelfataf al- Sisí.

El exdirigente de los hermanos Musulmanes, se encontraba preso en la cárcel de Burg al Arab, y sobre él pesaban varias ya sentencias. En 2017 fue condenado a cadena perpetua por supuesto espionaje en favor de Catar y cumplía también una condena de 20 años por la muerte de manifestantes en 2012. Mursi sufría diabetes, había pasado diversas complicaciones médicas durante su estancia en prisión y había solicitado infructuosamente atención médica independiente.

Desde Londres, Mohamed Sudan, miembro de la Hermandad Musulmana, señaló que la muerte de Morsi es un “asesinato premeditado” porque el expresidente tenía prohibido recibir medicamentos y visitas, y había poca información sobre su estado de salud.

Mientras que Amnistía Internacional ha pedido una investigación justa y transparente sobre la muerte.