El domingo, en apenas unas horas, ocho explosiones provocaron un baño de sangre en cuatro hoteles de lujo y en tres iglesias en plena misa de Pascua. La mayoría fueron ataques suicidas, como el ocurrido en la popular Iglesia de St Anthony de Colombo.

Los católicos, que representan el 7 % de la población, se sienten amenazados. El arzobispo de Colombo ha pedido al Gobierno una investigación imparcial y fuerte.

Al menos 32 extranjeros se encuentran entre los fallecidos en los atentados de este domingo y 30 más están hospitalizados. Entre los muertos hay nacionales de Bélgica, Estados Unidos, China y el Reino Unido, entre otros países.

A última hora del domingo, otra bomba artesanal fue localizada y desactivada en una carretera que conduce a la principal terminal del aeropuerto de Colombo, que permanece abierto, bajo estrictas medidas de seguridad.

En Sri Lanka la población cristiana representa el 7,4 %, mientras que los budistas son el 70,2%, los hinduistas el 12,6 % y los musulmanes el 9,7 %, según datos del censo de 2011.

Sin embargo, atentados de esta magnitud no habían tenido lugar en Sri Lanka desde la guerra civil entre la guerrilla tamil y el Gobierno, un conflicto que duró 26 años y finalizó en 2009, y que dejó, según datos de la ONU, más de 40.000 civiles muertos.