Círculo, redondez, esferas transparentes que actuaban como soporte de los planetas en los antiguos sistemas astronómicos… Estas son algunas de las realidades comprendidas en el concepto de “orbe”, todas impregnadas por la idea de fluir, de unidad, de proporción, de confianza, de solidaridad, de compartir ¿no es el círculo un magnífico representante de todo lo anterior? Porque en ese orbe se hace perpetua la oportunidad (ya que en un círculo no hay límites, no hay aristas que delimiten el camino… En el círculo siempre existe la posibilidad de continuar); en ese orbe florece la complicidad y se gana en solidez… Así debía pensar “El Magnífico”, nombre por el que era conocido Lorenzo de Medici, cuya familia gobernó Florencia durante generaciones…

Cambiar el orbe

Hace poco terminé de ver la serie Los Médici: Señores de Florencia, una historia inspiradora: de mercaderes a banqueros del Papa, llegando a contar entre los miembros de su familia a dos Papas y dos reinas… A mí, el personaje que más me cautiva es Lorenzo de Medici, “El Magnífico”, por el empuje cultural, artístico y comercial que consiguió darle a la ciudad. En la serie, se repite mucho que su deseo era “cambiar el orbe”… Podría interpretarse “orbe” como sinónimo de ciudad, pero yo creo que los anhelos del Magnífico iban más allá, él se refería a cambiar el mundo.

Hacer algo malo para conseguir algo bueno

Esa era una de las máximas más repetidas por buena parte de la familia Medici. Lorenzo no estaba de acuerdo… Ese anhelo magnífico de lograr un orbe aún más magnífico comenzaba por cambiar de raíz esa manera de pensar; tanto es así, que Lorenzo llegó a querer como a un hermano a quien, más tarde, intentó asesinarle, Francesco de’ Pazzi (y, de hecho, consiguió matar a su hermano, Juliano).

La conspiración de Los Pazzi se rigió por la antigua máxima Medici: “hacer algo malo -por ejemplo, asesinar- para conseguir algo bueno -gobernar Florencia-”. Lo que sucede es que por más noble que sea el fin, si se vician los medios, el fin quedará irremediablemente devaluado y ya no será ni sombra de lo que era… Mi madre siempre decía que las acciones definen a las personas, por lo que no importa que lleves los mejores zapatos del mundo mundial si con ellos te dedicas a pisar cabezas y vicias tu caminar…

La hoguera de la soberbia

Tras la muerte de Lorenzo, Fray Savonarola, prior del Convento de San Marcos y conocido por su enemistad con “El Magnífico”, llevó a cabo la conocida como “hoguera de las vanidades” en la que quemó libros, esculturas, joyas… buena parte del patrimonio de Florencia en un intento de acabar con aquel orbe magnífico que Lorenzo había creado. Esa destrucción cultural bien tendría que ser recordada como la hoguera de la soberbia, la del propio Savonarola, su odio hacia Lorenzo y el creerse en posesión de la verdad, le llevó a intentar destruir la huella de la historia… Y digo a “intentar” porque, a pesar de todo lo que se llevó por delante, todos hemos oído hablar de Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci o Sandro Botticelli.

Admirable

Espléndido, excelente, admirable… Ése es el sentido de “Magnífico”, Lorenzo se hizo merecedor de aquel apelativo, pues aunque han pasado más de cinco siglos desde su muerte, se sigue hablando de él, de su familia, de su legado… Sí, Lorenzo, lo conseguiste, creaste un orbe magnífico.

María Graciani | Escritora, conferenciante, periodista

@m_graciani

Artículo incluido en el número de febrero de la revista Agenda de la Empresa