Enero de 2020, ¡parece mentira! ¿verdad? El tiempo pasa, es una certeza, lo gracioso es que a nosotros aún parece cogernos de sorpresa su naturaleza dinámica… Es curioso el pasmo con el que hablan nuestros mayores de él: “Hace tres días leía El Catón y ahora… ¡ya con dos nietos!”, repetimos, es una certeza: el tiempo no para quieto… Quizás los abuelos se sorprenden tanto porque cuando ya eres octagenario o nonagenario empiezas a tomar verdadera conciencia de que la vida… ¡son dos telediarios!, ellos ya eran concientes del devenir temporal, lo que verdaderamente les pasma ¡es su velocidad! Mi padre me lo comentaba en más de una ocasión (sobre todo, en las épocas navideñas que invitan más a la reflexión) que la cifra que ponía en su DNI (su edad), no se correspondía con su sentir interior, quizás es porque el tiempo tiene varios apellidos: tiempo físico, tiempo biológico, tiempo psicológico… De ahí, aquello que tanto se dice de “la edad es un estado mental” cuya capital es el sentir vital y su bandera es la actitud personal, así alumbramos un nuevo apellido temporal: el tiempo relativo… una hora puede parecerte un segundo o una eternidad en función de tu capacidad de disfrute, de tu bienestar psicológico y mental, de la valoración que hagas de la compañía, de la experiencia o del lugar…

El portero de tu existencia

Para comprender la realidad hay que impregnarse de ella y saber bucear hasta sus entrañas para descubrir de primera mano “de qué pasta está hecha”. Sumergirse en las entrañas del tiempo (en general) es algo sumamento arduo, pero si dividimos el objetivo en pequeñas tareas, la cosa cambia… Esto es, si en lugar de bucear en el tiempo, en general, nos metemos, por ejemplo, en un mes en concreto, la idea que hay detrás de él, dejará de ser un secreto… Así pues, descubrimos que Enero viene del latín Januarius, dedicado al dios romano Jano, deidad de las puertas y de los umbrales (se le solía representar con dos caras), por eso podríamos decir que Enero es el mes de las puertas. La mitología romana cuenta que las dos caras de Jano se debían a su capacidad para abrir y cerrar todo lo que hay en la tierra, aunque Plutarco apuntaba que esas dos caras simbolizaban el paso del reino de Jano de caótico a civilizado… En cualquier caso, con la llegada de este nuevo año, nos convertimos en nuestro propio Jano, en los porteros de nuestra existencia… Con la bienvenida a este 2020 aparece una nueva puerta, cruzar el umbral o quedarnos igual, ya es cosa nuestra.

¿Cruzar o no cruzar el umbral? ¡He ahí la cuestión!

Transformados en espontáneos Hamlets, nos planteamos esta esencial pregunta…

Si cruzamos, nos adentramos en la incertidumbre de estos 12 meses, nos convertiríamos en peces del océano vital, que encontremos tiburones que den al traste con nuestras ilusiones o al cangrejo Sebastián (para acabar cantando felices: “¡debajo del mar!”), mayormente, dependerá de nuestra forma de nadar, y si tienes algún tropezón, recuerda: “¡todos los días sale el sol, chipirón!”; Si, por el contrario, decidimos no cruzar el umbral, no sumergirnos en la incertidumbre de lo desconocido sino quedarnos a la lumbre de la seguridad… ¡Eso sería una temeridad! Pues tengo una mala noticia, al tomar la iniciativa de cruzar por tu propio pie, el tiempo, como una poderosa corriente marítima, te arrastrará con él y si persistes en mantener tu mente en el pasado cuando tu cuerpo y tu vida se encuentran en el presente… ahí el apelativo que mereces es el de imprudente.

Estamos en el mes de las puertas, el mes de Jano, ya seas un junior o tengas el pelo cano, ten en cuenta que lo más sano es darle siempre la mano a tu progreso personal, profesional, humano… ¡Cruza el umbral!

María Graciani | Escritora, conferenciante, periodista

@m_graciani

Artículo incluido en el número de enero de la revista Agenda de la Empresa