¡Me encanta ese título! Y aún más su gratificante servicio a la sociedad. Lo descubrí por casualidad viendo la serie Madam Secretary en la que una profesora universitaria (y ex-agente de la CIA) se convierte en secretaria de Estado de los EE. UU. y su marido, Doctor en teología y ex-piloto militar, asume el rol de Consejero de Ética del presidente de EE. UU. Me sorprendió ese título: Consejero de Ética, quizás sea porque no lo había oído nunca (especialmente en política). Pensé que entre la legión de asesores que suelen acompañar a nuestros cargos públicos no recuerdo a ningún “Consejero de Ética”, y ¡qué bien nos vendría! ¿verdad?

Palabras desligadas que deberían casarse

Busqué en Google “Consejero de Ética” y, lo primero que me llamó la atención, fue que en ningún caso aparecían las palabras juntas, es decir, por un lado, me encontraba con enlaces sobre ética, RSC, misión, valores… Por otro, el buscador me remitía a páginas sobre el concepto de “Consejero”. Entonces, pensé en aquel juego de palabras: “¿por qué `separado´ se escribe todo junto y `todo junto´se escribe separado?”. De la misma forma, “Consejero y Ética” son dos conceptos que parecen estar desligados cuando deberían caminar de la mano, fundiéndose, haciéndose uno, dando lugar a un necesario cargo en nuestra política: el Consejero de Ética.

Disfrutar y Ayudar

Me encanta la visión de la ética que tiene el filósofo argentino, Mario Bunge: “La máxima de mi sistema ético es: disfruta de la vida y ayuda a vivir. Si llega un momento en que no se puede disfrutar ni ayudar a otros, es mejor desaparecer con el mínimo dolor para uno mismo y para los demás”. Me parece un gran consejo. Cuando algo te apasiona, cuando disfrutas algo a tope es cuando verdaderamente te implicas al 500% y das lo mejor de ti y, cuando esto ocurre, normalmente sirve para ayudar a otras personas, otros se pueden beneficiar de ese buen hacer y de la sinergia de esa pasión. Un servidor público debería implicarse al 500% en su labor, debería ser un apasionado del aporte de valor, debería apasionarse y apasionar cada día para demostrar(se) cómo disfruta, porque desde la genuína entrega y desde la auténtica vocación es cómo se genera satisfacción… Si la gente percibe desgana, desidia, si ve a sus representantes dormidos en el Congreso o teniendo comportamientos inapropiados, no solo se les irá la ilusión, sino que se abrirá la puerta a la frustración y a la indignación…

Si en algún momento el servidor público dejase de hacer honor a su nombre (es decir, se olvidase de los conceptos clave “servicio” y “público”), incurriendo en el error de dejar de ayudar, de disfrutar, de sentirse agradecido por una posición que, bien utilizada, puede hacer tantísimo bien al mundo… Entonces, el Consejero de Ética intervendría oportunamente o, tal vez, si existiese el rol del Consejero de Ética, se llegaría pocas veces a estas situaciones, porque este tipo de asesor suele ser más de actuar a priori que a posteriori, porque la ética no es algo que se saque del cajón para utilizarla puntualmente, sino que la ética, como el desayuno o la ducha, es algo que nos nutre y nos refresca a diario.

Si queremos mantener nuestra política alejada de la fosa séptica de la corrupción y deseamos que el pueblo apoye a las instituciones públicas con mente y corazón, ya es hora de que el Consejero de Ética entre en acción.

María Graciani | Escritora, conferenciante, periodista

@m_graciani

Artículo incluido en el número de abril de la revista Agenda de la Empresa