Ayer por la tarde iba paseando con mi padre por nuestro pueblo, Tomares; hicimos unos magníficos 12 kilómetros. Hacía buen tiempo ¡cómo se nota ya la primavera-verano!, echamos unas risas con Nieves junto a su tienda, Rafi -la modista de manos de oro- nos contó alguna anécdota y Andrés, un viejo amigo de mi padre, me regaló unos magníficos huevos camperos mientras me contaba el secreto de la alimentación de sus gallinas (obviamente, no lo desvelaré). Es vivificante el sentir el sol en la cara, la conexión personal, el contacto con la naturaleza… ¡así se te pasa cualquier dolor de cabeza y te sientes lleno de la impedecedera grandeza! (la humana, aquella con la que todo lo ganas). Algo tan sencillo como un paseo, te genera el grito interior de “¡PREMIO!” porque, en momentos así, siento verdaderamente que el PREsente es MÍO.

El mejor regalo del mundo es saber y sentir que eres dueño de tu vida, que la llenas con tus ganas de vivir, tu energía, ilusiones, proyectos… Este PREMIO es una recompensa en todos los aspectos, pues en plan efecto cascada, cuando siento que el PREsente es MÍO, voy contangiando de felicidad y de ganas de hacer todos los campos de mi vida.

Abrazando el ahora. Pasamos más tiempo del necesario en “tierra de nadie”, es decir, entre el pasado y el futuro, cuando lo único que tenemos seguro es este momento: ¡ahí es dónde está el PREMIO! ¿dónde exactamente? en cada momento en el que abraces el ahora, sentirás una voz liberadora que le gritará a tu mente y a tu corazón: “¡el PREsente es MÍO!”.

Lo sé, a veces el día está como para abrazarlo (cuando lo que verdaderamente te apetece es darle una buena patada en el culo), pero si resistes la tentación de teletransportarte al futuro y permaneces en tu momento, verás como acabas encontrando razones para estar contento. De hecho, yo tengo una lista que he titulado “tres cosas buenas” y todos los días -incluso los más “chungos”- hago el esfuerzo de poner mi radar del optimismo en marcha para encontrar tres cosas buenas que me alegren el día; no tienen que ser grandes cosas, te sorprenderá ver que de las cosas sencillas es de donde surgen las mayores maravillas. Hoy ya llevo dos: he probado un delicioso helado de avena con sabor a vainilla (para los que somos intolerantes a la lactosa estos inventos son un verdadero premio) y me he reído mucho con un chiste que me ha contado una buena amiga.

Ya lo ves, el ahora te espera con los brazos abiertos, para que tu PREMIO no quede desierto, abraza el momento, tu momento, a dos manos: con conciencia y disfrute.

Conciencia y disfrute. El secreto de que el PREsente sea MÍO es que lo abrazo bien fuerte con las manos de la conciencia y del disfrute. Ser consciente supone estar, de cuerpo y de mente, en donde tienes que estar: aquí y ahora. ¿No te ha pasado alguna vez que estás hablando con una persona y al cabo de un rato, te dice: “perdona, estaba ausente”? eso significa que su mente se encontraba en “terreno de nadie”, exactamente en las antípodas de la conciencia. Para disfrutar el PREMIO que supone ser el genuíno dueño de tu vida, no te puedes dormir en los laureles, tienes que prestar atención a lo que haces, piensas, dices y sientes, pues ser consciente supone un “conocimiento claro y reflexivo de la realidad” y para ello no sólo hay que estar, sino demostrar que lo impregnas todo de tu autenticidad, ¡así es como se llega a disfrutar!

El disfrute es el segundo secreto del PREMIO. Muchas veces observo a Toby, el simpático Pastor Alemán de mi padre, le encantan las naranjas y cuando se le da un gajito, literalmente ¡lo engulle! y luego le duele la barriga; no hagas como Toby, ¡no engullas la realidad! podrías tener una diarrea emocional severa… Dis-frutar supone sacar el fruto de aquello que hacemos y permitir que nuestro paladar vital goce con ello, que capte los sabores y nos deleite. Ya lo ves, para ser el dueño de tu vida, no hace falta ser un genio, eso sí… siempre grita ¡PREMIO!

María Graciani

Escritora, conferenciante, periodista

@m_graciani