Tres palabras que podrían contener toda una historia: el-juicio-emocional… Todos conocemos el concepto de juicio tradicional, ese que se celebra en la sala de un juzgado con juez, jurado, acusado, testigos, abogados… Los juicios se celebran con el objetivo de impartir justicia de acuerdo a unas leyes, pero si el juicio lleva el apellido de “emocional”, la cosa se complica… ¿Puede haber juicios emocionales? Es más, ¿cómo van a legislarse los sentimientos si su naturaleza es espontánea, subjetiva y la única ley que conocen es la del corazón? ¿Quién tendría la potestad de ser el juez? ¿Dónde tendría lugar semejante juicio? Éstas son algunas de las preguntas que rondaban mi cabeza cuando hace unos días ví un interesante documental sobre la vida en el Antiguo Egipto en el que hablaban del juicio de Osiris.

Pesando corazones

Agárrate que vienen curvas… En las siguientes líneas voy a intentar explicar de la forma más simplificada posible qué es el juicio de Osiris y por qué era tan importante. Según las creencias del Antiguo Egipto, cuando una persona fallecía, era vital que contase con algunos pergaminos pertenecientes al Libro de los muertos que contenían ciertos encantamientos a fín de facilitar el tránsito del difunto al más allá y que propiciarían su  exitosa llegada al juicio de Osiris, un acontecimiento fundamental para el fallecido. Una vez llegado el momento, se ponía el corazón del difunto en una balanza junto con la pluma de la Diosa Maat, símbolo de la verdad. Se creía que el corazón era la sede de las emociones y la inteligencia humana así como de los actos buenos y malos. Para pasar el juicio satisfactoriamente el corazón no debía pesar ni más ni menos que la pluma de la verdad sino quedar en equilibrio con ella. Si, efectivamente, se conseguía este complicado equilibrio, el difunto podría proseguir su camino hacia una deliciosa eternidad; en caso contrario, el corazón sería devorado por un monstruo y el difunto nunca encontraría la paz… ¿Qué? ¿Cómo te has quedado? Pues esa misma cara puse yo…

El coco de los adultos

¿Recuerdas cuando eras pequeño y te decían “que viene el coco” si te portabas mal? Pues tengo la sensación de que el juicio de Osiris debía de ser el coco de los habitantes del Antiguo Egipto. Se antoja un juicio prácticamente imposible de ganar pero ¡ah, amigo! ¡había truco! Tu corazón podía conseguir un equilibrio perfecto con la pluma de la verdad si recitabas el encantamiento apropiado del Libro de los muertos, y que pudieras hacer esto dependía de que hubieses adquirido en vida (por un módico precio ¡claro! que, en ocasiones, podía llegar hasta la mitad de tu sueldo anual) los pergaminos adecuados… Para que nos entendamos: que pasases el juicio de Osiris estaba en relación directa con tu nivel de desembolso… Empiezo a creer que la otra vida se parece demasiado a la presente…

No sé qué estarás pensando tú, pero a mí se me hace contradictorio con la propia naturaleza de ese juicio de Osiris que solo pretendía abrir las puertas de la eternidad a las almas más honestas, decentes, dignas y bondadosas, el hecho de que esto pudiera “arreglarse” pagando por ello (lo cual no parece muy honesto ni digno ni decente ni bondadoso). ¿A ver si habría que llevar a Osiris a un juicio más terrenal?

El juez más duro…

Afortunadamente, nunca he estado en el más allá pero en “el acá” sí que hay juicios emocionales y tengo una noticia para ti, conoces al juez más duro: en la mayoría de los casos, eres tú mismo. Eres el único que conoce el peso exacto de su corazón, con sus aciertos y equivocaciones, teniendo claro que siempre hay opciones para mejorar: si tu corazón resulta demasiado pesado, siempre lo puedes aligerar (en la mayoría de los casos, levando las anclas del pasado) y si resulta demasiado ligero, aún estás a tiempo de nutrirlo dedicándole algún “te quiero”…

Conclusión: no sabemos lo que nos espera cuando llegue la hora pero, yo que tú, utilizaría tus “encantamientos” ahora (por si acaso).

María Graciani

Escritora, conferenciante,  periodista

@m_graciani

Artículo incluido en la edición de  septiembre de Agenda de la Empresa