De las cosas sencillas se suelen extraer las lecciones que más brillan… Sin ir más lejos, esta mañana, cuando me disponía a lavarme los dientes, apreté el tubo de pasta con ganas… “Parece que ya no queda” -me dije- “¡Ah, espera, ahí está!”, y tras apretar un poco más, conseguí la pasta dentífrica. Mientras tanto, el tubo de pasta permanecía descansando, medio retorcido, junto al lavabo. Me lo quedé mirando unos instantes mientras pensaba en el ajetreo de mañana que me esperaba… “A veces, me siento un poco como la pasta de dientes” -me dije a mí misma-, a lo mejor tú también has pensado eso alguna vez…

Cuando sientes que las circunstancias o las personas te estrujan a menudo (como al tubo de pasta); cuando “aprietan” donde no deben y te dejan medio retorcido; cuando recurren a ti tanto que parece que se te empiezan a secar las ideas (como cuando olvidamos cerrar el tubo y se seca la pasta), ahí es cuando entras en modo “pasta de dientes”…

Y, ¿qué modo es ese?

El modo de los inteligentes -sobre todo, emocionalmente- porque entienden que en el dar (y darse) radica la felicidad; el modo de los valientes, porque conocen el miedo y, a pesar de ello, trazan su estrategia para pasar a la acción, llenan su visión y generan superación; el modo de los diferentes, de aquellos conscientes de su originalidad humana, que saben que solo colaborando se generará un mejor mañana; el modo de los comprometidos con un propósito definido; el modo de los serviciales, porque entienden que del espíritu de servicio surgen los logros más geniales; el modo de los eficientes, quienes llegan a su destino por más zancadillas y piedras que se encuentren en el camino… ¡En esto consiste el modo “pasta de dientes”!

Piénsalo, ¿para qué sirve la pasta de dientes? Obviamente, para procurar la higiene bucodental, la usamos para que nuestros dientes y encías estén sanos porque ¡boca solo tenemos una y con ella nos alimentamos! Pues una función similar cumples en la sociedad cuando entras en modo “pasta de dientes”: procuras la higiene psicoemocional de aquellos a quienes ayudas (empezando por la tuya propia), contribuyendo así a mantener y fomentar la salud humana, pues el compañerismo y la solidaridad ayudan al interior a despertar (al propio y al ajeno).

Estar en modo “pasta de dientes” no es precisamente sencillo: recurrirán a ti como hábito, tu labor será limpiar la suciedad mental y emocional (que, a veces, se incrusta de lo lindo), y a veces, te estrujarán para que sigas dando lo mejor de ti… Lo más chulo es, que cuando crees que no puedes más, cuando sientes que el tubo está retorcido a más no poder, cuando crees que no queda nada… ¡tachán! Te sorprendes a ti mismo y continúas descubriendo de qué pasta estás hecho… ¡Que laves bien!

María Graciani

Escritora, conferenciante,  periodista

@m_graciani

Artículo incluido en la edición de febrero de Agenda de la Empresa