Siempre procuro tener una botella de agua cerca, a veces incluso creo que mi creatividad es líquida porque cuanto más me refresco, mejores ideas vienen a visitarme. La otra noche estaba recogiendo el salón para irme a dormir y de repente me quedé mirando la mesita que hay junto al sofá, en ella había dos botellas: una pequeñita y otra de litro. Sin pensármelo demasiado, cogí la grande con la idea de que me durase toda la noche, subí las escaleras para ir al dormitorio y, según abría la puerta, reparé en que mi gran botella estaba casi vacía, “bueno, la lleno en el baño y listo”, pero cuando me dispuse a poner la botella debajo del grifo… ¡oh, sorpresa! Prácticamente no cabía… Había que ladearla de tal manera que únicamente daba lugar a que entrase un fino hilo de agua, del cual se derramaba una parte al volver a enderezar la botella… “¡Pérdida de tiempo!” -pensé-. Solté la botella en la mesilla de noche, me senté en la cama y me la quedé mirando unos segundos… “Debí coger la pequeña…” -me repetía mentalmente- al tiempo que sentía que la ventana a una nueva reflexión se abría…

Caballo grande…

¡Ande o no ande! Seguro que habrás oído en más de una ocasión este refrán medieval, pero no siempre funciona. En nuestro día a día, se nos presenta bajo diversas formas el dilema de las botellas y en no pocas ocasiones, escogemos la grande casi sin pensar… Pero si lo reflexionas, que algo tenga más capacidad no significa que, en ese momento, tú tengas la capacidad de llenarlo… De igual modo, tampoco se cumple siempre aquello de “los mejores perfumes vienen siempre en frascos pequeños”. Para resolver tu particular “dilema de las botellas”, tienes que tener en cuenta tu propia capacidad, tu nivel de necesidad, el camino que vas a recorrer con ella hasta llegar al destino, si te conviene más recorrerlo con la botella llena o vacía, el tamaño del lavabo, si tendrás que compartir la botella…

Cuando lo grande se queda pequeño…

Me daba la risa cada vez que me recordaba intentando llenar aquella botella de litro en el lavabo. Su capacidad quedaba mermada por la incompatibilidad con el entorno… Con este nuevo pensamiento, una nueva idea empezaba a cocinarse en mi horno mental: ¡a las personas nos pasa igual! Hay veces en las que grandes personas con grandes ideas quedan empequeñecidas por un entorno demasiado pequeño, en el que difícilmente encajaran (por más que nos empeñemos en ponerlas “debajo del grifo”) y no es que esas grandes ideas no funcionen o estén equivocadas, sino que no funcionan… ¡ahí!

El comodín del acierto

¡Sí, existe! Igual que en el conocido concurso televisivo, donde el concursante usaba el comodín del público en caso de duda, cada uno de nosotros tenemos nuestro propio comodín incorporado, se llama: adaptación.

Puedes tener la idea del siglo, pero la coyuntura no es la mejor para desarrollarla o, por el contrario, puedes pensar que con un pequeño granito de arena ya has hecho bastante cuando la circunstancia demanda un gran paso hacia adelante… Para asegurarnos de que estamos en el camino del acierto y dejamos atrás el desierto de las dudas, lo mejor es saber adaptar lo que tenemos en mente a lo que demanda nuestro presente.

Siempre puedes volver a bajar las escaleras

Theodore Roosevelt decía: “en cualquier momento de decisión lo mejor es hacer lo correcto, luego lo incorrecto, y lo peor es no hacer nada”. ¡Exacto! siempre optamos por la decisión que creemos mejor, la que aportará un mayor bien, como no somos adivinos, podemos equivocarnos (entonces aprendemos del error y haremos una nueva decisión) pero lo que, sin duda, no supone ninguna aportación, lo mires por donde lo mires, es no tomar ninguna decisión como mecanismo para prevenir errores, esto es absurdo. En mi caso, tomé la decisión de volver a bajar las escaleras, ir a la cocina y rellenar en el fregadero la botella grande.

Piénsalo, la próxima vez que hagas una elección, si finalmente no es lo que esperas, ¡recuerda que siempre puedes volver a bajar las escaleras!

María Graciani

Escritora, conferenciante,  periodista

@m_graciani

Artículo incluido en la edición de junio de Agenda de la Empresa