Normalmente, a estas alturas del año, gustamos de hacer balance, ya sabes, esa especie de repaso general por cada uno de los meses que hemos vivido para terminar poniendo nuestras conclusiones en nuestra balanza emocional y así determinar qué apellido le ponemos al año que se despide: bueno, malo, “entreverao”… Pero, como bien has leído, eso era normal-mente… Ahora, ni nuestras mentes ni la situación son normales, ese sucedáneo de la “nueva normalidad” ni nos termina de convencer ni termina de llegar.

He titulado la presente reflexión “desbalance anual” porque este año nos toca hacer algo distinto a lo que solíamos hacer antes. El acostumbrado balance hace referencia a equilibrio, pues cada año está repleto de una gran diversidad de momentos, circunstancias, experiencias, vivencias, aprendizajes… que, cuando llega diciembre, nos animan a reflexionar sobre cuál es el color que prima en nuestras vidas. Sin embargo, este 2020 se antoja monótono, más gris de lo normal, un certero paletazo de un solo color -que nada dice y que lo dice todo- nos ha hecho perder el equilibrio, desplazando la normalidad para empezar a dibujar un nuevo escenario… Por eso este año tenemos un “desbalance anual”.

Dos mil veinte, escrito así ocupa más de lo que hemos vivido en el presente… Dos mil veinte, el año que no fue, el año que se nos escapó entre los dedos, como cuando intentas tomar agua entre tus manos y terminas por darte cuenta de que el intento es vano… Dos mil veinte, el año paradójico y valiente; paradógjico porque, como se suele decir, lo importante no son los años de vida, sino la vida con la que llenes los años y, este año, vida vida hemos tenido poca y la paradoja está en que, precisamente, eso es lo que toca para preservar la vida… Hemos dejado en “stand by” el hábito de las reuniones familiares, de las quedadas con amigos, de la cervecita “afterworkera”, de salir de tapeo improvisado a la hora que uno quiera… Todo ha quedado en pausa por una buena causa: hacer que luzca el trabajo de los valientes, sanitarios, farmacéuticos, limpiadoras, celadores, doctores, científicos… Quienes han trabajado y trabajan, dejando mucho en el camino, para asegurarse que bueno sea el destino… Dos mil veinte, el año que nos ha hecho perder el equilibrio necesario, ¡que se lo digan a hosteleros, trabajadores y empresarios! No cuadran ni las vidas ni las cuentas y en la cabeza de todos empieza a resonar una máxima: reinventa… Porque o empezamos a hacer las cosas de otra manera, enfocándonos en una mejora real, certera o… aquí sálvese quien pueda… Dos mil veinte, el año que ha hecho mucho daño pero que también nos ha abierto los ojos para que no nos llamemos a engaño: conservar la vida es lo primero, pero salud y economía tienen que convivir en cierta armonía para no llegar a parar al muro de la agonía social.

Estimado dos mil veintiuno, esto es lo que puedo contarte de tu predecesor. Te damos la bienvenida con el ferviente deseo de que contigo nos vaya mejor.

María Graciani

Escritora, conferenciante,  periodista

@m_graciani

Artículo incluido en la edición de diciembre de Agenda de la Empresa