O como diríamos en nuestra Sevilla: ¡con poderío! ¿Qué te sugiere? A mí me transmite la idea de energía, fuerza, entusiasmo, ganas… Porque, claramente, cuando haces algo con “poderío” demuestras que, lo que haces, ¡lo haces con brío! que, desde luego, tú no estás en “modo chuchurrío”, que no te dejas “hacer el lío”, que lo que haces ¡lo haces bien hecho!, que tu progreso ¡no tiene techo! Con poder… al escribirlo, casi me dan ganas de decir: “¡olé!”, en una espontánea muestra de felicitación por una decidida acción porque, muchas veces, eso es lo que falta: una buena decisión… ¿Te has dado cuenta? Si lo que haces lo envuelves del “modo poderoso”, de repente, te empiezas a sentir orgulloso y esa genuína sensación de satisfacción interior es el motor más fidedigno de generación de valor. Piénsalo… Hablar con poder, pensar con poder, entrenar con poder, dedicarse a algo con poder ¡hasta andar con poder! Y eso es justamente lo que he empezado a hacer.

Powerwalkeando

¡Qué es gerundio! Soy fan de esta forma verbal porque denota compromiso, implicación, efectiva acción, vamos, que te mojas… Y solo cuando te mojas es cuando demuestras que tu teoría no se queda coja. Pues yo estoy “powerwalkeando” porque he descubierto las bondades del “power walking”, anglicismo que describe una forma vigorosa de andar que se encuentra a medio camino entre correr y dar un paseo, aunque a mí se me parece bastante a la marcha de toda la vida… Cada día elijo una ruta, le doy al “play” al Spotify para acompañar mis pasos con música y me pongo en marcha. Es curioso, si bien se “power-walkea” (dícese de la acción de andar a cierto ritmo) con las piernas, los brazos juegan un papel importante, no hay que dejarlos caídos, sino que hay que ponerlos en ángulo recto para marcar el ritmo y cuanto más braceas, más intensidad añades a tu marcha; en cambio, si apenas braceas o directamente dejas los brazos lacios pues… ya no estarás haciendo “power walking”, sino, simplemente, estarás dando un paseo. Este sencillo hecho me hizo reflexionar… Muchas veces ponemos toda nuestra atención en el elemento principal (las piernas) y descuidamos el elemento secundario (los brazos) de esta forma no obtenemos los resultados que esperábamos, y es que buena parte de la genialidad de ese elemento principal se debe al trabajo en la sombra del secundario, esto es aplicable a cualquier escenario…

Los dibujos del sol

Sombra… Ese delicioso oasis en el que buscas refugiarte cuando buena parte del recorrido de tu “power walking” ha transcurrido de la mano de Lorenzo, vamos, que hacía un solano… Yo me suelo poner gorra para llevar mi oasis de sombra incorporado (se llama “previsión”) aún así, cuando aprieta el calor, se nota. Es entonces cuando busco continuar mi ruta por zonas ajardinadas, un buen manto verde acompañado de limoneros, naranjos, palmeras ¡por duplicado! Y digo por duplicado porque “el Lorenzo” proyectaba con arte misterioso sus sombras sobre el océano de césped. Me parecía tener el privilegio de formar parte de un Monet, la contemplación de los dibujos del sol se me asemejaba a una epifanía cotidiana, una nueva invitación a la reflexión… (o tal vez fuera un aviso de lipotimia). Si aplicamos ingenio, paciencia y observación, podemos sacar una experiencia constructiva (los dibujos del sol) de un elemento que, en principio, nos parecía molesto (el calor generado por el propio sol). ¡Filosofía positiva! Y es que, en la vida, no hay absolutos, esto es, nada es absolutamente genial ni absolutamente desastroso, eso sí, ¡la vida es mejor cuando te sientes poderoso!

María Graciani

Escritora, conferenciante,  periodista

@m_graciani

Artículo incluido en la edición de julio/agosto de Agenda de la Empresa