¡Qué maravillosa actividad!, si bien suena, ¿te imaginas cómo será practicarla?  Ejercitar la habilidad de sentir (sensibilidad) es un buen hábito que enriquece nuestro vivir, pues al igual que cuando vamos al gimnasio nuestro cuerpo se siente más sano, cuando practicamos el deporte de los sentidos, nuestra capacidad para transmitir habrá crecido, al tiempo que nuestro cerebro se habrá divertido (y una mente contenta es la madre de la actitud que más éxitos cimenta). Estamos de enhorabuena, la gimnasia de la sensibilidad ¡existe! y tiene nombre propio: sensología. Hace unos días escuché este término y mi curiosidad pegó un salto de la cama para despertarse de golpe…

¿La lógica de los sentidos?

Como me encanta jugar y bucear en las palabras, lo primero que pensé cuando escuché “sensología” es que se trataba de la lógica de los sentidos (senso – logía). Dos minutos después pensé que aquello sonaba un tanto contradictorio ¿lógica de los sentidos? Eso sería como racionalizar el querer, el querer no se explica, sino que se vive y se practica, así que imaginaba que con la gimnasia de la sensibilidad ocurriría algo similiar, pues intentar racionalizarla desvirtuaría su propia esencia. El pedagogo y Doctor en Bellas Artes, Carles Bayod -creador de la sensología-, la define como “la ciencia de las sensaciones no verbalizables”, es decir, aquellas que corresponden al hemisferio derecho de nuestro cerebro (el creativo y artístico); al no poderse verbalizar, lo que sí puede hacerse es reconocerlas y transmitirlas de forma constructiva. La sensología nos ayuda a comprender y enriquecer nuestro propio mundo interior -especialmente nuestra creatividad-, lo que tiene un importante impacto positivo en nuestro entorno al nutrir habilidades como la empatía, la atención, la escucha activa… Aprender a identificar y a expresar los propios sentimientos es el cimiento para valorar y comprender los ajenos, lo que funciona a modo de efectivo disolvente de conflictos en la vida personal y profesional (pues, como bien sabemos, muchas veces los malentendidos se generan por importantes faltas de sensibilidad hacia las necesidades de la otra parte, así como por la incapacidad de manifestar, de manera positiva, las propias).

La traductora de latidos

Expresaba el destacado político francés, Jacques Duclós, que “el idioma del corazón es universal: solo se necesita sensibilidad para entenderle y hablarle”, por lo que podríamos decir que la sensibilidad es esa hábil traductora de latidos, de ese imprescindible habla del alma, tan sencillo como certero que tiene la habilidad de desvelarnos qué es lo primero…

La sensología es la mejor amiga de nuestra traductora de latidos (la sensibilidad), pues nos ayuda a descifrar y transmitir aquello que nos habla, no a través de nuestras palabras, sino por boca de nuestras sensaciones…

Profundiz-ARTE

Tal cual, bucear en uno mismo es un auténtico arte porque, para adentrarse en el océano interior, hay que ir bien pertrechado con el oxígeno de la sensibilidad, las aletas de la reflexión y las gafas de la comprensión. La sensología jugaría el rol de ese útil traje de neopreno que nos ayuda a mantener la temperatura (mental y emocional) para permitirnos disfrutar de la maravilla del “profundiz-ARTE” de una manera saludable. ¡Qué maravilla el descubrir y el practicar la gimnasia de la sensibilidad!, una potente herramienta para entenderse a uno mismo y a los demás, porque, muchas veces, lo que falta es justamente eso, entendimiento… Escúchate, escucha, y, aprovechando que estamos en verano, cambia la lucha por una buena ducha emocional… (tu cuerpo y tu alma te lo agradecerán).

María Graciani | Escritora, conferenciante, periodista

@m_graciani

Artículo incluido en el número de septiembre de la revista Agenda de la Empresa