Cuando me voy a dormir me gusta escuchar la radio durante un buen rato hasta quedarme dormida. A veces, tras limpiar el aparato y tocar ciertos botones que no eran, hay un simpático baile de emisoras y frecuencias con el consiguiente ruido. En ocasiones, ese “baile” me lleva a descubrir nuevos programas que acaban gustándome mucho; otras, el ruido solo trae más ruido, resultado: desintonización absoluta. Cuando esto pasa, con cuidado y atención, vuelvo a tocar los botones hasta que el ruido desaparece y vuelvo a escuchar la música propia de mi programa favorito. Es curioso, si te fijas bien, las personas nos parecemos un poco a esta vieja radio…

A lo largo de nuestras vidas, tenemos que tocar muchas veces los botones de nuestra mente y de nuestro corazón porque es necesario hacer limpieza (como el pequeño repaso con el trapo que le doy a mi transistor) pero, en este caso, aplicado a humanos, hablaríamos de una limpieza emocional y mental que nos permite seguir llenándonos de músicas divertidas e interesantes programas. En ocasiones, como consecuencia de esa limpieza, efectivamente haremos apasionantes descubrimientos que, como su propio nombre indica, no se parecerán en nada a lo que estamos acostumbrados pero, de algún modo, conectan con nuestra esencia. Otras veces, el resultado de esa limpieza mental y emocional nos puede dejar desintonizados porque, al perder de vista el puerto, al alejarte de lo conocido, es normal que te sientas un tanto perdido. En ese crucial instante, en lugar de agobiarnos y volver a lo de antes, lo mejor para seguir adelante y “re-encontrarte” (si te fijas, es distinto de “encontrarte” porque se trata de renacer en el encuentro contigo mismo) es persistir en el manejo de tus singulares botones hasta que por fin… voilà! El ruido desaparece y sientes como tu tranquilidad, energía y satisfacción general, crecen: enhorabuena, estás experimentando la SIN-TO-NÍA

Más allá del ajuste de frecuencias…

La RAE te dirá que “sintonizar” supone un ajuste de frecuencias, pero esta SIN-TO-NÍA (así, escrito en mayúsculas) es algo que va más allá de ese concepto teórico; de hecho, solo podrás comprenderlo en su plenitud cuando lo vivas porque la SIN-TO-NÍA es, ante todo, vivencial. La SIN-TO-NÍA es un SINónimo de TOtal armoNÍA, y no porque tu frecuencia y la de la otra persona, circunstancia o proyecto sean perfectas, sino porque la suma del tú y ese otro ¡funciona! Ya no hay ruido, ahora se disfruta la música. Surge así lo que el conocido autor de management, Steven Covey, llamaba “La tercera vía”, ya no se trata de mi realidad o de tu realidad, ahora es nuestra realidad y ¡suena genial! Esa “tercera vía” no quiere significar que dos personas piensen exactamente igual, sino que hay un encaje esencial, literalmente, las piezas del puzzle de esas esencias humanas, esos caracteres, formas de ser y hacer, encajan.

La SIN-TO-NÍA, ese magnífico, SINónimo de TOtal armoNÍA, es tan genial porque te aporta claridad del sentido y de la sensibilidad, te llena de serenidad al tiempo que te hace sentir vital porque cuando nos sentimos cómodos, tranquilos, a gusto… ¡se disipan los disgustos!, desaparecen los sustos y, en su lugar, se impone la capacidad de disfrutar… Sí, la SIN-TO-NÍA te lleva a navegar por un mar que, aparentemente, te es desconocido pero, por la sensación que te provocan sus aguas, interiormente sabes que no te has perdido, simplemente te estás “re-encontrando”…

Fomenta tus “re-encuentros”; a crear valor, estáte siempre presto, y si quieres experimentar SIN-TO-NÍA, haciendo que tu día sea extraordinario… ¡empieza por limpiar la radio!

María Graciani | Escritora, conferenciante, periodista

@m_graciani

Artículo incluido en el número de julio y agosto de la revista Agenda de la Empresa