El representante especial de las Naciones Unidas para Libia denuncia la entrada constante de armas para todas las partes, pese al embargo de armas impuesto al país y que algunas naciones están alimentando este sangriento conflicto

Ghassan Salamé – Foto ONU/Loey Felipe

– En una sesión del Consejo de Seguridad sobre el país norafricano, Ghassan Salamé informó sobre la intensificación del conflicto en los alrededores de la capital libia durante las últimas semanas, con la embestida de las fuerzas del Ejército Nacional Libio del general Khalif Haftar, quien encabeza un gobierno paralelo con sede en Bengasi, al este del país.

Salamé destacó que la violencia en la periferia de Trípoli es sólo el principio de una guerra larga y sangrienta en el sur del Mediterráneo, poniendo en peligro la seguridad de los vecinos inmediatos de Libia y de toda la región.

El también jefe de la Misión de Apoyo de la ONU en Libia (UNSMIL) lamentó el carácter lúgubre de su informe tras dos años de trabajo y señaló que, del inicio de la ofensiva, a principios de abril, a la fecha han muerto 460 personas, entre ellas 29 civiles, unas 2400 han sido heridas y 75.000 más han debido huir de sus casas para ponerse a salvo.

Los grupos terroristas ganan terreno

Por otra parte, explicó alarmado que el vacío de seguridad creado por la retirada de muchas de las tropas de Haftar del sur para asediar la capital, en conjunto con la atención de las fuerzas occidentales en la defensa de Trípoli es explotada por el ISIS y Al-Qaeda

Advirtió que en el sur de Libia están apareciendo banderas del ISIS “y desde el 4 de abril ese grupo ha realizado cuatro ataques que han dejado 17 muertos, ocho secuestrados y diez heridos, mientras que las fuerzas libias se pelean entre ellas en vez de defender a su población de las organizaciones terroristas”.

Además del desplazamiento de población generado por el extremismo del ISIS, la violencia se extenderá a los países vecinos, apuntó.

Salamé agregó que se ha reportado que numerosos criminales integristas buscados por la Corte Penal Internacional han aparecido en los campos de batalla libios y pidió a todas las partes que se deslinden públicamente de esos individuos y los remitan a ese tribunal.

A ese escenario se suma la entrada constante de armas para todas las partes, pese al embargo de armas impuesto al país.

“Muchos países suministran armas a todas las partes en conflicto sin excepción. La sofisticación de este armamento está causando ya un mayor número de víctimas. El embargo de armas a Libia se convertirá en una cínica broma si no se refuerza su mecanismo de implementación. Algunas naciones están alimentando este sangriento conflicto, las Naciones Unidas deben ponerle fin a esta situación”, alertó.

El enviado llamó al Consejo a velar por la aplicación de las leyes humanitarias internacionales por parte de todos los actores del conflicto. “Necesitamos demostrar a quienes cometan violaciones que no reinará la impunidad. Necesitamos sancionar a quienes usen el humo de la guerra para imposiciones violentas personales o políticas”, dijo.

“No hay una solución militar, es momento de que los que han elegido esa opción abran los ojos y se ajusten a la realidad. Libia es un mosaico de comunidades que no puede gobernarse sin alianzas en todo el territorio.”