Vuelve al Maestranza de Sevilla el último gran título del género lírico español

“¿Es posible que llamen a esto género chico”? Lo hubiéramos firmado muy a gusto Bizet y yo”. (Saint-Saëns, al escuchar el dúo de La revoltosa).

Haciendo un poco de historia, podría asimilarse la zarzuela al género de la opéra comique francesa, la ópera bufa italiana, el singspiel alemán o la opereta vienesa que alternan partes declamadas con otras cantadas cuyo valor histórico y documental retrata, entre otras cosas, la vida cotidiana, especialmente de los madrileños. En España, que arrastraba problemas derivados de una falta de vida sinfónica, todos los intentos de crear une ópera nacional habían fracasado y algunos compositores se refugiaron en la zarzuela, que contaba con el interés de un público burgués, lo que no impedía que personajes como Amadeo Vives, Adolfo Salazar o el propio Rivas Cherif defendieran la necesidad de conocer la tradición y de reponer el repertorio español. Los debates alimentaron la polémica sobre cuál de los dos géneros representaba más nuestro nacionalismo, teniendo presente el carácter popular de la zarzuela –nacida en el XVII- y su importancia en la historia musical española. Imbuidos de este espíritu de la tradición hemos de volver la mirada a Ataúlfo Argenta (“Hay que tocarlo todo con el mismo primor que a Mozart”), gran revitalizador del género, si bien las giras cosecharon éxitos tan grandes como lo fueron las pérdidas económicas, pues los teatros llenos y la recaudación máxima no fueron suficientes para garantizar la viabilidad de tan costoso proyecto, máxime al rehusar el Ministerio correspondiente algún tipo de ayuda.

Pablo Sorozábal – excelente músico formado en Alemania- representa una última etapa de la zarzuela española. La coincidencia del estreno y posterior ‘reestreno’ de La tabernera del puerto en el período que va de 1936 a 1940, años de zozobra y enfrentamientos cruentos, sitúan al autor y  su obra como auténticos hitos de un género capaz de convocar multitudes (aforo completo en las tres representaciones del Maestranza), a condición, como es el caso, de estar servidos por verdaderos especialistas: Oliver Díaz, dirección musical; Mario Gas, dirección de escena (extraordinarios la iluminación y el movimiento escénico); Ezio Frigerio y Riccardo Massironi, escenógrafos de reconocido talento; Franca Squarciapino, vestuario, una parcela que domina como nadie; Aixa Guerra, movimiento escénico; Vinicio Cheli, iluminación; el Coro de la A.A. del Maestranza, con Íñigo Sampil; la ROSS … En cuanto al fantástico elenco, recordamos con entusiasmo las intervenciones de la joven soprano María José Moreno (bella y sugestiva Marola), actores como Vicky Peña, Pep Molina y Ángel Ruíz; el famoso barítono Ángel Ódena, de voz potente y excelente timbre; el tenor Antonio Gandía, voz cálida, triunfador en la famosísima romanza “¡No puede ser …!”; la pícara Ruth González … una extensa nómina de colaboradores excepcionales (pienso en el reparto en su conjunto), todos ellos maravillosamente compenetrados en una obra que contiene altas dosis de ‘teatralidad’, lo que concede un mérito añadido a este espectáculo extraordinario.

Lleno absoluto, como digo ¿Por qué no se programan más zarzuelas? Como bien dice José  Luis López en ABC: “Estamos castigados”. La política del Teatro de la Maestranza ha suprimido el concierto de Navidad, el de Cuaresma y el de Feria, que garantizaban todos ellos un aforo completo, lo cual no deja de ser la mejor publicidad.  Programar ópera contemporánea, por el contrario, con escasa asistencia de público y el consiguiente –y llamativo- déficit puede que cumpla con el requisito de atender al repertorio del siglo XX, pero va en contra de la necesaria aceptación por parte de un público reacio a las novedades –insisto en el factor  asistencia—cuyo escaso número no contribuye, ciertamente, a maquillar unas cuentas más que deficitarias, dando pie a juicios y valoraciones reiteradamente esgrimidos como elementos disuasorios. La categoría de un teatro se mide, entre otras cosas, por la calidad y originalidad de la programación, así como por la difusión cultural que genera. Pero el factor económico ha de apoyar la iniciativa. Si esta es claramente deficitaria …

MFR