Elegir el regalo perfecto es difícil pues supone invertir tiempo, dinero y reflexión. Los regalos no solo deben agradar al que los recibe, sino que se deben apreciar de una manera que permita fortalecer una relación. Dedicar mucho esfuerzo a la elección del regalo perfecto debería contar y mucho para el receptor e incrementar el valor que se le da, puesto que dicho esfuerzo es un indicador del cariño de la persona que regala. Parece, después de todo, que «la intención es lo que cuenta».

No obstante, un nuevo estudio llevado a cabo por Nicholas Epley, profesor de Ciencias del Comportamiento de la escuela de negocios Chicago Booth, y Yan Zhang, de la Universidad Nacional de Singapur, sugiere que este dicho popular es exagerado, está fuera de lugar y nos conduce a predicciones erróneas.

En nuestra vida diaria, dedicar esfuerzo a la elección de un regalo puede confundirse con elegir un regalo mejor, dando a entender que lo que cuenta es la intención del que regala cuando, en realidad, lo que cuenta realmente es la calidad del regalo en sí. Por tanto, los que regalan pueden pensar que «la intención es lo que cuenta» en el intercambio de regalos simplemente porque les lleva a elegir un regalo mejor, en lugar de despertar en el receptor del regalo una gratitud y aprecio adicionales, más allá de la calidad del regalo en sí mismo.

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Para probar si las personas realmente creen que «la intención es lo que cuenta», los investigadores llevaron a cabo una serie de 4 experimentos. En primer lugar, se pidió a un grupo de participantes que predijera el aprecio y la gratitud que una persona que recibe un regalo sentiría tras recibir un regalo de un amigo en diferentes circunstancias (agrado frente a desagrado, muy pensado frente a descuidado).

Como es natural, creían que un regalo que gusta produciría más aprecio y gratitud que un regalo que no gusta y, siguiendo la línea del dicho popular, que los regalos elegidos con esmero producirían más aprecio y gratitud que los regalos elegidos de manera descuidada.

«Aunque los que regalan anticiparon correctamente la influencia de la calidad del regalo en el aprecio de sus receptores, las personas que regalaron en los 4 experimentos fracasaron de manera sistemática a la hora de predecir correctamente cuándo sus esfuerzos se tenían en cuenta y cuándo no», comentó Epley.

«Debido a que las personas que hacen regalos y los observadores ajenos a la situación no experimentan los mismos procesos psicológicos que activan interferencias en el estado mental entre los receptores de los regalos, puede suponer todo un reto saber cuándo dedicar tiempo y esfuerzo a un regalo importará y cuándo no. En este sentido, fallan las previsiones relativas al dicho popular «la intención es lo que cuenta», añadió.

Por eso, si queremos hacer un regalo que vaya a ser bien valorado por su receptor, hay que centrarse en elegir un buen regalo sin tener en cuenta si ha sido muy pensado o no. Sin embargo, si deseamos sentirnos más cerca de la persona a quien regalamos, debemos invertir tanto esfuerzo y tiempo como nos sea posible y nos sentirnos ofendidos cuando nuestros esfuerzos se pasen por alto.

De un estudio de la escuela de negocios Chicago Booth sobre el intercambio de regalos