Vivimos tiempos de cambios profundos en la escena empresarial y socioeconómica. No por menos, las consecuencias directas de la combinación de la denominada cuarta revolución industrial-tecnológica, el envejecimiento de la población en Europa y España o los fenómenos asociados al cambio climático vienen a determinar un cambio de paradigma en el eje productivo y laboral de nuestro territorio. Así, y en el ámbito de la cuarta revolución, si bien han existido a lo largo de la historia de la humanidad otras que precedieron a esta, existen de esta forma diferencias profundas que vendrán a configurar un nuevo tiempo. Así, la explosión y fusión de las tecnologías está permitiendo hoy que las fronteras entre lo digital, lo físico y biológico se diluyan en un proceso de nuevas combinaciones que abren cambios de interés estratégico y de oportunidades en el ámbito empresarial y productivo. Hoy, la disrupción y la innovación son elementos permanentes a los que las empresas miran con el objetivo de estar preparadas para afrontar los retos y desafíos que la sociedad de hoy requiere.

Hoy, la cuarta revolución se diferencia de manera directa de las anteriores tal vez en base a dos elementos dignos de analizar en este artículo; en primer lugar, la rapidez en la que este proceso está llevando a cabo cambios profundos en el ámbito fundamental de las sociedades: la comunicación, el transporte, la economía, la educación o la política. Hoy, a diferencia de la primera revolución industrial que tardó décadas en dar sus frutos, la presente lo hace de manera casi inmediata, de forma exponencial frente a lo lineal de los procesos anteriores. Y, en segundo lugar, la cuarta revolución viene a cambiarnos directamente a nosotros. Si las anteriores produjeron transformaciones en lo que hacíamos y cómo lo hacíamos, esta revolución afecta a cómo somos, algo que hemos podido observar en hechos como la utilización de una red como Internet, que ha cambiado el concepto de la privacidad o las relaciones.

Todo ello, en un marco en el que el cambio climático o el envejecimiento de la población vienen a fijar un modelo de sociedad en el cual la economía del consumo, las energías renovables o la búsqueda de la automatización robótica para la atención de determinados sectores productivos que no podrán ser atendidos por la población se presentan como básicas en el mantenimiento de una sociedad en progreso y generadora de bienestar compartido. Así, y si bien es cierto que la robotización que traerá aparejada la cuarta revolución supondrá una transmutación en el mercado laboral, esto no será más que una adecuación del mismo a la realidad, con la extinción de determinados puestos profesionales y la aparición de nuevas oportunidades laborales vinculadas a este campo u otros que estos cambios traerán. Por ello, en un entorno de cambio como el actual, la apuesta por un modelo formativo y educativo que impulse la capacidad de emprendimiento y la formación en competencias transversales y de creatividad se muestra como básica al efecto de preparar a las generaciones presentes para un futuro cercano y apasionante. Hoy, cuando solo percibimos una parte de la realidad que asoma por la esquina, la apuesta a través de la alianza pública privada por un cambio del modelo educativo en consonancia con los ejes del mercado y de la cuarta revolución, junto al impulso necesario del espíritu emprendedor en las aulas desde edades tempranas, no viene más que a abonar el campo del progreso en un país, el nuestro, en donde demasiadas personas sueñan con ser funcionarias y pocas apuestan por ser empresarias para transformar su realidad y la de su entorno. Ese es el reto.

Josu Gómez Barrutia

Consultor, emprendedor, experto en liderazgo, emprendimiento e innovación