La gran ofensiva de las fuerzas de la Asad y de Rusia sobre Idlib, considerado el último bastión rebelde en Siria, parece cada vez más inminente; en las últimas semanas, el gobierno sirio no ha parado de concentrar tropas en la zona, al igual que Rusia, que ha desplegado una importante fuerza naval en el Mediterráneo, la más importante desde que comenzó la guerra en Siria.

En los últimos días, los bombardeos rusos sobre Idleb han ido en crescendo. El martes dejaron al menos 9 muertos civiles.

Estados Unidos repite que ese ataque sería “inaceptable” y advierte de las consecuencias. En un tuit, el presidente estadounidense avisa a Bachar al Asad de que no comience una ofensiva “insensata” sobre la provincia y advierte a rusos e iraníes de que cometerán un “error grave” si toman parte en lo que define como “una potencial tragedia humana” con miles de muertos.

Idleb está en manos de rebeldes y, en particular, de yihadistas del antiguo brazo sirio de Al Qaeda. Pero, sobre todo, es una provincia que concentra 2,9 millones de personas, casi la mitad llegadas durante la guerra desde otras zonas del país. Justo al otro lado de la frontera,Turquía trata por todos los medios de evitar la ofensiva, por miedo a que provoque una nueva y masiva llegada de refugiados sirios al país.

El enviado de la ONU para Siria, Staffan de Mistura ha dicho en rueda de prensa que hasta ahora las negociaciones entre Turquía y Rusia no han dado resultados, y que, por las noticias que tiene, el gobierno sirio ha puesto como fecha límite el 10 de septiembre. “De ahí la urgencia”, señaló.

Naciones Unidas teme que el ataque provoque una crisis humanitaria sin precedentes en más de ocho años de guerra en Siria. El Consejo de Seguridad de la ONU se reunirá este viernes para analizar la situación.