La innovación y la creatividad son dos habilidades esenciales para todo profesional. Uno de los primeros principios que tuve la oportunidad de aprender en los albores de mi carrera, y que he tenido la oportunidad de poner en práctica a lo largo de la misma, es la necesidad de considerar el éxito como la primera palanca del cambio innovador.

Partimos de la premisa de que la inclinación natural de la persona es la de mantener invariable todo proceso que funcione. Si el sistema cumple bien su cometido, parece que no tendría sentido cambiarlo. Sin embargo, esta lógica presenta grandes riesgos, especialmente si la vestimos de cierto conformismo.

El que un proceso o producto responda hoy a las funciones o expectativas para las que fue inicialmente concebido, es perfectamente compatible con el desarrollo de una estrategia de innovación permanente de los mismos procesos y productos, lo que resulta patente en entornos cambiantes y altamente competitivos.

Si no tenemos en cuenta lo anterior, y pensamos que las condiciones del entorno permanecerán en el tiempo, se corre el riesgo de mantener invariables nuestros patrones y de acomodarnos en nuestra zona de confort. Si, entretanto, nuestra competencia se dedica a invertir tiempo y recursos en innovación, repensando de forma creativa los mapas de los procesos, las utilidades de los productos y las expectativas de los clientes, estaremos en condiciones de vaticinar un panorama complicado en términos de pérdida de posicionamiento y de competitividad.

Por todo ello, es esencial que la innovación esté siempre presente en nuestros proyectos empresariales, no solo cuando las cosas comiencen a ir mal, sino muy especialmente en los momentos de bonanza. Solo si sabemos actuar con creatividad e innovación cuando tengamos el viento a favor, anticipándonos a la necesidad, seremos capaces de afrontar con ciertas garantías futuros escenarios complejos.

Para lograrlo es esencial apostar por la sistematización de los procesos de innovación y por el desarrollo del talento creativo en las organizaciones. Buscar nuevos “océanos azules” y mejorar la eficiencia mediante la implementación de sistemas avanzados de gestión de procesos, ha dejado de ser una opción para convertirse en una necesidad vital para las empresas.

Ser proactivos, vivir con el permanente desafío de innovar, mejorar y trabajar cada vez de forma más eficiente y productiva, debe ser una constante en nuestra labor profesional, muy especialmente en los tiempos de permanente cambio que nos ha tocado vivir. Una actitud que nos permitirá, más allá de mantener un posicionamiento defensivo en el mercado, alcanzar nuevas metas y desafíos.

Mantengámonos siempre alerta frente el propio éxito y la satisfacción por los logros alcanzados y pensemos que, precisamente cuando todo va bien, cuando todo funciona, es el mejor momento para comenzar a trabajar por mejorarlo.

Juan Carlos Hernández Buades

CEO-Director General

CEU San Pablo Andalucía

El Dr. Juan Carlos Hernández Buades, Economista y Abogado, es Académico de la Academia de la Diplomacia del Reino de España, Presidente del Consejo de Evaluación de la Red Europea de Agencias de Calidad del Espacio Europeo de Educación Superior (ENQA-Bruselas) y del Grupo de Calidad de la Asociación Europea de Instituciones de Educación Superior (EURASHE-Bruselas).

Artículo incluido en la revista de marzo de Agenda de la Empresa