Comentaba Balzac, tras visitar el cementerio parisino de Père Lachaise, que de todas las aflicciones del alma, la más difícil de expresar es el dolor por la muerte. Algo parecido sucede con quien suscribe estas líneas –pergeñadas con premura- al tratar de evocar la personalidad de un gran amigo recientemente fallecido: José Bolaños López, médico de profesión y de vocación, conversador culto y melómano de exquisita sensibilidad. Profundo conocedor de la II Escuela de Viena –también de Shostakóvich y Schnittke- el doctor Bolaños ‘emparentaba’ directamente con la mejor tradición española de médicos intelectuales (léase Marañón, Jiménez Díaz o el propio Laín Entralgo), lo que confería a su profesión, modestamente conocida como ‘medicina general’, un carácter humanista del que cada día quedan menos ejemplos. Crítico con los excesos de la llamada ‘medicina preventiva’ así como de la voracidad comercial de algunos laboratorios, José Bolaños representaba la figura venerable del ‘médico de cabecera’, hoy, reemplazado por el aséptico y políticamente correcto de ‘médico de familia’.

El emotivo obituario publicado bajo la firma del colectivo ‘Vicente Plural’ en El Correo de Andalucía el pasado día 29, resume a la perfección lo que el doctor Bolaños –que ha tiempo había desistido del placer de vivir-   representaba en el seno de ese grupo de ‘intelectuales’  que, semana tras semana, hace renacer en una especie de cenáculo el placer de la conversación en forma de debate espontáneo, afortunadamente no exento de opiniones contradictorias. Confiemos, pues, en la continuidad de ‘Vicente Plural’, ese modesto reducto espiritual que a lo largo de los años ha sido capaz de mantener el fuego sagrado del pensamiento filosófico mediante el análisis crítico de los acontecimientos. Su continuidad será el mejor testimonio de la vigencia de su legado. Descanse en paz nuestro mentor, excelente médico y mejor amigo.

MFR